domingo

INDIO SOLARI - “LA GENTE NECESITA QUE TE COMAS SU DOLOR”


Por Pedro Irigoyen
La muerte nos ubica a todos, finalmente, ante los mismos miedos y bravuras. Carlos “Indio” Solari es, desde hace un tiempo, un conocedor más fehaciente de su propia finitud. Es por eso, quizás, que en Tsunami, el documental producido por Mario Pergolini que se verá hasta el miércoles por la web de Vorterix, se permite mostrar sus lágrimas, su risa incómoda, su soberbia, su grandeza y sus flaquezas también. El héroe tras el mito, llena de palabras la bandera de su propio nombre: “Yo no sé por qué soy el Indio Solari”, se pregunta, en una entrevista audiovisual que va contra la lógica comunicacional de toda su obra. Como en los milagros, la estatua llora.
“El cariño de la gente, que proyecta en vos virtudes que no tenés, destrezas de las cuales carecés, te ayuda a vivir. Te dan permiso para eso, y serías un boludo si no aprovechás esa oportunidad para ser más honesto, mejor. Te allanan el camino. Pero, en definitiva, es una pilcha que te sisa para la mierda, una necesidad que tienen miles de personas de que vos satisfagas su dolor, te comas su dolor. Las cartas que recibo son dementes, en el sentido que depositan en uno -que no lo conocen, y yo tengo las mismas miserias que cualquiera, soy egoísta como cualquiera-, como una especie de bálsamo para la parte doliente de sus vidas. Lo único que tengo que hacer es no hacer fantasma, y el escenario es el lugar más cómodo que tengo en el mundo para estar. Uno no sabe por qué es elegido, nunca sabés por qué la gente te quiere. Hay gente mucho más talentosa que yo que de pronto no tiene el magnetismo físico”, dirá en alguno de los pasajes más intensos de la charla.
En ese plan confesional, hablará de los primeros síntomas del Parkinson que le “pisa los talones”: “Cada show es una prueba, y me cuesta un huevo porque detesto la decrepitud, pero qué vas a hacer... That's life”. Solari habla desde la previa de su show en Tandil, donde blanqueó su situación de salud ante sus fieles. Aquí agrega: “Decrepitud son esos 30 años que la ciencia médica nos ha dado, inédito en la naturaleza donde al que pierde sus habilidades físicas se lo morfan... El ser humano tiene estos 30 años al costo de una cosa espantosa, que para mí es la decrepitud. Contados son los que llegan a los 80 años en plenitud física y mental. El tipo empieza a ver menos, a escuchar menos, hasta que un día se cagó encima. La decrepitud no es una sobrevida agradable, te duele todo. Yo estoy entrando en eso, tengo Parkinson, no es de ahora. Pasa que con el tiempo empieza a manifestarse. En mi caso, no con temblores, sino con rigidez. Y yo soy un adorador de la juventud, desgraciadamente esto escapa de mis manos”, dirá, para luego ir aún más profundo en ese encumbrado misterio que lo rodea.
“Yo me aferro a la vida, sino me pego un corchazo y se terminó. Lo he pensado. Más de una vez, pero no ahora. No sirvo para viejo”, confiesa. “Me empecé a dar cuenta porque un buen día me iba a cortar las uñas, y empecé (hace el gesto del temblequeo). Al otro día me iba a abrochar un saco, y me costaba embocar el botón. Así empecé a desconfiar de esas pequeñas cosas. Pero para eso hay medicamentos. Tengo que tomar 10 o 12 pastillas. Antes de esto tuve Hepatitis C, que era como tirar la moneda. Gracias a Dios no quedó el virus. Últimamente tomo un montón de pastillas, pero no de las que me gustan a mí, de las que le gustan a la medicina. Cuando me olvido de tomarlas lo siento. La vida bohemia te enseña a ser díscolo, y yo a la noche tengo que tomar cuatro pastillas todas juntas. Anoche me olvidé...”, agrega sobre el devenir de sus días enfrentando la enfermedad.
A lo largo del documental, hablará cada uno de los miembros de su banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, contando su experiencia. También se muestran los preparativos de cada show, hablarán de las sesiones de producción en los estudios londinenses de Abbey Roady y el Indio contará que fue invitado para ser soporte de los Rolling Stones. “Yo era el primer invitado para cantar con Jagger, pero me pareció una locura que hubiera un tipo cacareando al lado mío”, dice, para luego contar que en Abbey Road le dijeron que Mick Jagger les daba un poco de vergüenza ajena, en cambio veían que él “tenía a todo el estadio saltando y cantando mientras se movía como Frank Sinatra con la mano en los bolsillos”. Mirando hacia el futuro, también contará que está haciendo un libro de memorias junto a Marcelo Figueras, y que por otro lado está escribiendo “El delito americano” y armando un nuevo disco.
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-¿Qué te emociona? -pregunta Pergolini.
Sollozando, Solari responde: “Es una oportunidad muy especial la muerte. Para liberarte de tus compromisos y hacer lo que quieras”, confiesa y manotea su whisky, como ante cada respuesta que le quiebra el temple. “Estoy dejando de fumar para no darle una mano a la bella señora. Ya tengo 67 pirulos. Tengo facilidad para dejar todo tipo de sustancias, pero el alcohol me gusta, me sigue gustando”.
La secuencia sigue con Indio hablando del sentido transcultural del rock. “El rock nacional siempre me parecieron boleros rápidos, y trato de no ser eso”. O de su nueva banda: “Nadie se va de Los Fundamentalistas, el que no está es porque se comió un viaje que no era”. O de su propia visión de su obra: “Yo no digo que lo que yo hago esté bien todo, no sé si las ilustraciones están buenas, si las letras están buenas, lo que tengo es una buena noticia: conmueve a mucha gente. Es lo que tiene que hacer la lírica, que no es algo para ser entendido, no es un lenguaje filosófico, ni reflexivo. Es un lenguaje rítmico. Los silencios tienen que ser más importantes que las líneas”, explica y lo grafica así: “La vida es decidir y pretender. Si vos ves un mandala y tenés la necesidad de pretender, te va a decir cosas. Sino, no dice nada”.
Llegando al final, también tendrá palabras para su vieja banda. “Plagio es la melodía. Por eso cuando yo digo: 'Mis canciones de la época de Los Redondos', es porque son mis canciones. El único que hizo canciones, el leitmotiv, soy yo. De pronto, después, hay arreglos, adornos, que hacen que una canción sea mejor que otra. Pero el plagio es si son más de ocho compases de la melodía". Y es aquí, donde el rol de Pergolini como entrevistador se luce.
-Entiendo todo, Carlos, pero en un punto todo es un conjunto, es como la familia.
-La familia también te caga. No hay cosa peor que un hermano.
-Pero cuando vos escuchás el tiriririri... (dice el periodista tarareando el solo de Jjiji).
-Eso no es mío, ni del amigo que vos hablás. Es del “Enano” Dawi. Por ejemplo, Mi perro dinamita yo no lo quería publicar, para mí era un standard de rock. Y fue uno de los temas que nos hizo más conocidos  -responde escapando al eje de la cuestión.
-¿Entendés a la gente cuando te dice 'Sólo te pido que se vuelvan a juntar'?
-Ya no es tan frecuente, esta banda tiene los méritos para hacer lo mismo.
- ...
-Por supuesto que lo entiendo, pero no han sido testigos de la intimidad de lo que yo he sido testigo. Es una palabra dura, pero es la única que me sale a mí: traición.
-¿Te vas a permitir no charlarlo?
-No hay manera, no. A mí me podés cagar con guita, pero no me podés traicionar. Son dos cosas diferentes.
- …
- Bueno, basta -manda Solari.
-Es que es tan apasionante... -insiste Pergolini
-Una buena banda.
-Una gran banda, increíble no...
- …
En silencio, el Indio abre sus manos vacías. Entonces la imagen va al comienzo del show. Suenan los acordes de Nuestro amo juega al esclavo. El timming es perfecto. Imposible no sentir cada poro de la piel abrirse como un capullo en ese momento. Como si se abrieran las puertas de la percepción de par en par, como si todo en uno se dispusiera a exponerse a esa poesía y a esa melodía a riesgo de caer preso de un fanatismo eterno, inexplicable y demencial. “Nuestro amo juega al esclavo, de esta tierra que es una herida, que se abre todos los días, a pura muerte a todo gramo. Violencia, es mentir”, entona ahora sobre Solari desde el escenario.
-¿Te pasa algo todavía?
-A mí nunca me pasó lo de la mariposa en el estómago. Siempre considero que el escenario es el lugar más cómodo que tengo en la Tierra. Está toda la gente a favor tuyo.
Entonces hablará de por qué no tocar en lugares chicos. “El sold out para mi público no existe, van igual. Cortan la avenida, se arma quilombo. No se quedan en la casa”. Y que por los mismos motivos conoce “más Nueva York que Buenos Aires”. “Eso me hace quedar muy mal. Pero lamentablemente no puedo salir, me rodean la casa, es un quilombo. Yo soy un tipo criado burguesamente, disfruto de los placeres de la vida, la buena bebida, un hotel, no hace falta renegar. El asunto es ganarse ese confort genuinamente”, explica.
Pícaro, Pergolini lo chicanea con el pogo de Mick Jagger. Vanidoso, Indio muestra sus joyas. “Vamos a explicarle a Mick que se haga de abajo. En la misma noche, 160 mil personas, no es lo mismo que en tres días. Un pogo de 160 mil personas no es sopa. Yo no podría estar ahí en el público ni en pedo, hay una claustrofobia. Cuando un tipo como yo acepta que tiene que terminar el show con eso, es porque lo pasó por encima. Es un buen Rock & Roll, pero siempre me gustaron los Lados B de los discos”, explica.
-¿"Todo un palo"?
-A mí hay tres solos de Skay que me parecen maravillosos: Todo un paloEtiqueta negra, y el tercero me lo voy a olvidar porque estoy muy grande... -responde y se queda pensando. Intenta recordar, no puede. Solari pasa, una vez más, de la risa a la lágrima. Será que no recuerda, será que sí recuerda. “Son sublimes”, lo ayuda Pergolini, tirando un salvavidas. “Lo que había que hacer”, responde Solari, una vez más amurallado, blindado en su armadura.
-¿Y si mañana es el último concierto?
-Bueno, festejemos. Festejemos.
-¿Será?
-No, no... Vas a ver... mañana. Salud -Solari alza una vez más su vaso, y las imágenes vuelven al show de Tandil. Termina Jijiji, y el cantante se despide hasta la próxima: “Gracias, imposible abarcar esto, no sé de qué se trata. No me quiero hacer cargo. Gracias para siempre”.
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