jueves

RICARDO AROCENA - HUASIPUNGO (8)


Algunas cuestiones sobre las ciencias sociales latinoamericanas, el desarrollo, el subdesarrollo y la dependencia (*)

14. Algunas conclusiones

Luego de los últimos 100 años plagados de sobresaltos, cabía esperar otro final, en todo caso, aunque mal no fuera, por las promesas del conocido refrán. Pero el fin de los tiempos, el Apocalipsis globalizador acaecido desde Fukuyama para acá, no sólo no ha resuelto ninguno de los grandes dramas, que crecen cada día, sino ha sustituído la toma de conciencia, por el escapismo de la alienación.

El individualismo exacerbado, el culto a la propiedad, el éxito como suprema meta, la competitividad salvaje, golpea en las puertas y entra para instalarse en las confortables casas de los barrios residenciales, e inspira al conductor que parte raudo en su último modelo, convencido de que la velocidad es la máxima expresión de la libertad. Pero también es norma para la pauperizada familia de clase media, o donde el tejido social cruje desestructurado, e incluso en las zonas marginales, en las que ser apto para la competición salvaje a veces es la condición “sine qua non” para permanecer con vida. “Hacé la tuya” es el nuevo mandamiento laico y el dinero el supremo ícono, ante el cual todos nos prosternamos.

Asistimos a una diseminación ideológica que pretende crear la imagen de que es imposible contrarrestar los efectos negativos de la situación internacional. Estas concepciones, que han terminado por inundar las diferentes cátedras de las Universidades latinoamericanas, han procurado obtener de ellas un status tal, como si sus propuestas fueran verdades incontrastables, de inobjetable cientificidad.

El nuevo marco cultural, tanto en la cátedra como a nivel de la opinión pública, coloca a las ciencias económicas en un pedestal superior, con respecto al resto de las ciencias sociales, otorgándole un estatus singular, por encima de la sociología, las ciencias políticas, las ciencias históricas, etc., que son relegadas a un prescindible segundo plano. No hay espacios para debatir proyectos ni ideas, solamente lo hay para anotar estadísticas, que constriñen al destino humano entre los botones de una calculadora.

Pero además la economía es concebida no como una ciencia social más, sino como una ciencia exacta, promoviéndose de paso la idea de que en este ámbito del conocimiento no caben visiones o teorías diferentes. Los problemas económicos solamente son encarados de una sola forma y con una sola solución. Y así como el rayo precede al trueno, para el fundamentalismo de mercado, hay una sola clase de causas y un solo tipo de consecuencias. Hipótesis por lo tanto nunca comprobadas, devienen en pura ideología mistificadora que rechaza todo pensamiento creador.

Para los seguidores de estas concepciones no existe la desigualdad en la distribución de la riqueza, no existe el problema de la pobreza ni las viviendas precarias; no existe la desarticulación de la familia obrera ni el drama social de los productores rurales golpeados por la falta de rentabilidad y las deudas. Tampoco existen carencias en los hospitales, ni bajos salarios, ni una educación en crisis.

Lo único válido es la competitividad, el afán de lucro como motor, la posesión de bienes materiales como fin supremo. Solo importa el “si tanto tienes tanto vales” promovido desde los medios masivos de comunicación. El riesgo sobre el que alertara Robert Merton de una contradicción entre los fines culturales imperantes y los instrumentos para alcanzarlos, se ha instalado con toda su fuerza en las sociedades latinoamericanas, generando una peligrosa anomia que se expresa en las crónicas sobre la violencia cotidiana, pero también en los periódicos escándalos a los que las clases acomodadas nos están acostumbrando.

Y mientras las más poderosas empresas de la era informacional organizan sus procesos operativos a escala mundial creando una red económica global… aquí en la esquina, o allá enfrente, o más allá… en cualquier rincón de América Latina, hoy como ayer la historia es la misma. Y como denunciara Jorge Icasa hace décadas…

“El invierno, los vientos del páramo de las laderas cercanas, la miseria y la indolencia de las gentes, la sombra de las altas cumbres que acorralan, han hecho de aquel lugar un nido de lodo, de basura, de tristeza, de actitud acorralada y defensiva.”

“Se acurrucan las chozas a lo largo de la única vía fangosa; se acurrucan los pequeños en las puertas de las viviendas a jugar con el barro podrido o a masticar el calofrío de un viejo paludismo; se acurrucan las mujeres junto al fogón tarde y mañana a hervir la mazamorra de masha o el locro de cuchipapa; se acurrucan los hombres, de seis a seis sobre el trabajo de la chacra, de la montaña, del páramo, o se pierden por el camino tras las mulas que llevan cargas a los pueblos vecinos; se acurruca el murmullo del agua de la acequia tatuada a lo largo de la calle, de la acequia de agua turbia donde sacian la sed los animales de los huasipungos vecinos, donde los cerdos hacen camas de lodo para refrescar sus ardores, donde los niños se ponen en cuatro para beber, donde se orinan los borrachos”.

Las circunstancias, por todo lo expuesto, reclaman de las Ciencias Sociales latinoamericanas, que sean capaces de abordar con arrojo esta dramática realidad, sirviendo de sostén a la construcción de una nueva y arrasadora utopía de la vida, para la cual nadie pueda decidir por otros las forma de morir… y para que, como escribía Gabriel García Márquez: “las estirpes condenadas a cien años de soledad, tengan por fin y para siempre, una segunda oportunidad sobre esta tierra”.


(*) El presente trabajo fue realizado hace más de una década para que sirviera como ayudamemoria de una ponencia realizada en un marco académico. Mucho ha cambiado nuestro continente desde aquel entonces, pero por considerar que lo sustancial del contenido continúa vigente decidimos publicarlo para que sirva como aporte para la discusión sobre el particular momento histórico por el que transitamos.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Google+