martes

NOCHE OSCURA (25) - SAN JUAN DE LA CRUZ


LIBRO SEGUNDO

DE LA NOCHE OSCURA, TRÁTASE DE LA MÁS ÍNTIMA PURGACIÓN, QUE ES LA SEGUNDA NOCHE (PASIVA) DEL ESPÍRITU.

CAPÍTULO 1

Comiénzase a tratar de la Noche oscura del espíritu. – Dícese a qué tiempo comienza.

1 / Un alma que Dios ha de llevar adelante, no luego que sale de las sequedades y trabajos de la primera purgación y Noche del sentido la pone Su Majestad en esta Noche del Espíritu, antes suele pasar harto tiempo y años, en que, salida el alma del estado de principiantes, se ejercita en el de aprovechados, en el cual -así como el que ha salido de una estrecha cárcel- anda en las cosas de Dios con mucho más anchura y satisfacción del alma y con más abundante e interior deleite que hacia los principios, antes que entrase en la dicha Noche, no trayendo atada ya la imaginación y potencias al discurso y cuidado espiritual, como solía; porque gran facilidad halla luego en su espíritu muy serena y amorosa contemplación y sabor espiritual, sin trabajo del discurso. Aunque, como no está bien hecha la purgación del alma -porque falta la principal parte, que es la del espíritu, sin la cual (por la comunicación que hay de una parte a la otra, por razón de ser un solo supuesto) tampoco la purgación sensitiva, aunque más fuerte haya sido, queda acabada y perfecta-, nunca le faltan a veces algunas necesidades, sequedades, tinieblas y aprietos, a veces mucho más intensos que los pasados, que son como presagios y mensajeros de la Noche venidera del espíritu; aunque no son estos durables, como será la Noche que espera, porque, habiendo pasado un rato, o ratos, o días de esta Noche y tempestad, luego vuelvo a su acostumbrada serenidad.

Y de esta manera va purgando Dios a algunas almas que no han de subir a tan alto grado de amor como las otras, metiéndolas a ratos interpoladamente en esta Noche de contemplación y purgación espiritual, haciéndole anochecer y amanecer a menudo, porque se cumple lo que dice David que envía su cristal -esto es, su contemplación- como a bocados (Ps. 147,17); aunque estos bocados de oscura contemplación que habemos de decir nunca son tan intensos como lo es aquella horrenda Noche de la contemplación que habemos de decir, en que de propósito pone Dios al alma para llevarla a la divina unión.
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