domingo

GASTON BACHELARD - LAUTRÉAMONT (CONCLUSIÓN 6)

IV (1)

Si se aceptan estas perspectivas, se dará uno cuenta de que las metamorfosis brutales o fogosas de Lautréamont no han resuelto el problema central de la poesía, pues esas metamorfosis han debido tomar la causalidad eficiente de los gestos naturales. Pero las metamorfosis ducassianas han tenido la ventaja de desaferrar un tipo de poesía que se echaba a perder en una tarea de descripción. Ahora hay que aprovechar, en nuestra opinión, la vida devuelta a las potencias de metamorfosis para tener acceso a una especie de no-lautréamontismo que en todos sentidos desborde los Cantos de Maldoror. Empleamos siempre el término no-lautréamontismo, dándole la misma función no-euclidiana que la geometría euclidiana generaliza. No se trata pues de ninguna manera de una oposición al lautréamontismo, sino de despertar dialécticas a nivel de los principios ducassianos más fecundos.

Es en una reintegración de lo humano a la vida ardiente donde vemos este primer paso de ese no-lautréamontismo. La cuestión que habría pues que plantearse es la siguiente: ¿Cómo provocar metamorfosis verdaderamente humanas, verdaderamente anagenéticas, verdaderamente abiertas? La vía del esfuerzo humano directo no es más que una pobre prolongación del esfuerzo animal. Es en el sueño de la acción donde residen las dichas verdaderamente humanas de la acción. Hacer actuar sin actuar; dejar el tiempo atado por el tiempo libre, el tiempo de la ejecución por el tiempo de la decisión, el tiempo pesadamente continuado de las funciones por el tiempo espejeante de instantes de proyectos; reemplazar la filosofía de la acción, que muy a menudo es una filosofía de la agitación, por una filosofía del reposo; después por una filosofía de la conciencia del reposo, de la conciencia de la soledad, de la conciencia de la fuerza en reserva, tales son las tareas preliminares para una pedagogía de la imaginación.
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