jueves

MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS (159) - CLARISSA PINKOLA ESTÉS



CAPÍTULO 14

La selva subterránea:

La sexta fase: El reino de la Mujer Salvaje (2)

¿Y quién es la mujer de la espesura del bosque que regenta la posada? Como el espíritu vestido con la resplandeciente túnica blanca, la mujer es un aspecto de la antigua diosa triple y, si el cuento contuviera todas las fases del relato inicial, habría también en la posada una bondadosa y esforzada anciana encargada de realizar alguna tarea. Pero este pasaje se ha perdido, como si el cuento fuera un manuscrito del que se hubieran arrancado algunas páginas. El elemento que falta se debió de suprimir probablemente durante alguna de las refriegas que se desencadenaron entre los defensores de la antigua religión natural y los de la nueva religión en torno a la cual se aglutinarían finalmente las creencias religiosas, dominantes. Pero los vestigios que nos quedan poseen una fuerza extraordinaria.

El agua del cuento no sólo es profunda sino también cristalina. Vemos a dos mujeres que, en el transcurso de siete años, llegan a conocerse muy bien. El espíritu vestido de blanco es como la telepática Baba Yagá de "Vasalisa", que es la representación de la vieja Madre Salvaje. Tal como le dice la Yagá a Vasalisa, aunque jamás la había visto antes, "Sí, conozco a tu gente", este espíritu femenino que desempeña el oficio de posadera en el mundo subterráneo ya conoce a la joven reina, pues es también la Santa que lo sabe todo.

Una vez más, el cuento se quiebra significativamente. No se hace la menor referencia a las tareas exactas y las enseñanzas de aquellos siete años, aparte de señalar que fueron tranquilas y revitalizadoras. Aunque podríamos decir que el cuento se quiebra porque las enseñanzas subyacentes de la antigua religión natural se solían mantener tradicionalmente en secreto y por este motivo no podían figurar en el relato, es mucho más probable que este contenga otros siete aspectos, tareas o episodios, uno por cada año de aprendizaje que la doncella pasó en el bosque. Pero, un momento, recuerda que nada se pierde en la psique.

Podemos recordar y resucitar todo lo que ocurrió durante estos siete años a partir de los pequeños vestigios que conservamos de otras fuentes acerca de la iniciación femenina. La iniciación femenina es un arquetipo y, aunque un arquetipo presenta muchas variaciones, el núcleo es siempre el mismo. Por consiguiente, eso es todo lo que sabemos acerca de la iniciación a través de otros cuentos de hadas y mitos tanto orales como escritos.

La doncella se queda siete años en el bosque, pues este es el período de una estación de la vida de la mujer. Siete es el número asignado a los ciclos lunares y es también el número de otros períodos de tiempo sagrados: los siete días de la creación, los siete días de la semana, etc. Pero más allá de todas estas consideraciones místicas, hay una mucho más importante y es la siguiente: La vida de la mujer se divide en fases de siete años cada una. Cada período de siete años representa una serie de experiencias y enseñanzas. Estas fases pueden considerarse en concreto como períodos de desarrollo adulto, pero más todavía como fases de desarrollo espiritual que no tienen por qué corresponder necesariamente a la edad cronológica de la mujer, aunque a veces coincidan con ella.

Desde tiempo inmemorial la vida de las mujeres se ha dividido en fases, cada una de ellas relacionada con los poderes cambiantes de su cuerpo. La división en secuencias de la vida física, espiritual, emocional y creativa de la mujer es útil en el sentido de que le permite prepararse para "lo que vendrá a continuación".

Lo que viene a continuación pertenece al ámbito de la Mujer Salvaje instintiva. Ella siempre lo sabe todo. Y, sin embargo, a lo largo del tiempo, a medida que se fueron perdiendo los antiguos ritos salvajes, la instrucción de las mujeres más jóvenes por parte de las mayores a propósito de estas fases inherentemente femeninas también se perdió.

La observación empírica de la inquietud, los anhelos, los cambios y el crecimiento de las mujeres saca de nuevo a la luz las antiguas pautas o fases de la profunda vida femenina. Aunque podemos dar nombres concretos a las fases, todas ellas son ciclos de cumplimiento, envejecimiento, muerte y nueva vida. Los siete años que pasa la doncella en el bosque le enseñan los detalles y los dramas relacionados con dichas fases. He aquí unos ciclos de siete años de duración cada uno, que abarcan toda la vida de la mujer. Cada uno tiene sus ritos y sus tareas.

De nosotras depende cumplirlos. Los reproduzco sólo como una metáfora de la profundidad de la psique. Las edades y las fases de la vida femenina incluyen las tareas que hay que cumplir y las actitudes que hay que adoptar para afianzarse.
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