viernes

PEDRO PÁRAMO - JUAN RULFO


DECIMONOVENA ENTREGA


Comenzaron a pasar las carretas rumbo a la Media Luna. Él se agachó, escondiéndose  en el galápago que bordeaba el río. «¿De quién te escondes?», se preguntó a sí mismo.

-¡Adiós, padre! -oyó que le decían.

Se alzó de la tierra y contestó:

-¡Adiós! Que el Señor te bendiga.

Estaban apagándose las luces del pueblo. El río llenó su agua de colores luminosos.

-Padre, ¿ya dieron el alba? -preguntó otro de los carreteros.

-Debe ser mucho después del alba -respondió él. Y caminó en sentido contrario al de  ellos, con intenciones de no detenerse.

-¿Adónde tan temprano, padre?

-¿Dónde está el moribundo, padre?

-¿Ha muerto alguien en Contla, padre?

Hubiera querido responderles: «Yo. Yo soy el muerto». Pero se conformó con sonreír.  Al salir del pueblo precipitó sus pasos.

Regresó entrada la mañana.

-¿Dónde estuvo usted, tío? -le preguntó Ana su sobrina-. Vinieron muchas mujeres a  buscarlo. Querían confesarse por ser mañana viernes primero.

-Que regresen a la noche.

Se quedó un rato quieto, sentado en una banca del pasillo, lleno de fatiga.

-¡Qué fresco está el aire!, ¿no, Ana?

-Hace calor, tío.

-Yo no lo siento.

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