TERCERA ENTREGA
3
Isabelino Pena se sentó a embuchar la segunda copa en un banco-mostrador sostenido por pilones de escombro en lugar de caballetes. Acá hay cascotes para lapidar a todo el cenáculo.
-¿Y de quién es el huerto donde agarraron al maestro? -prendió dos lamparitas con olor a oliva el gordo, sin dejar de rascarse.
-De los Marcos -le resplandece el ensañamiento a Elkbio. -Ya pensé que podían estar escondidos donde festejaron la Pascua.
-La festejaron un día antes -sacude la melena y la barba color hollín el rata. -No respetaban nada. ¿Y Esteban el Valiente no le habrá aconsejado comprar el campo para reorganizar a los zelotas junto con Barrabás?
Entonces el soldado espanta al nubarrón volador con un ronquido de ballena y parpadea doradamente:
-Barrabás degolló a mi hermano. Acabo de soñar con el rey de los judíos y les aseguro que resucitó.
-El problema no es el rey de los muertos -se endureció para disimular el pánico el espia-carancho. -El problema es que no queremos más Judas de Gamala y supongo que ustedes tampoco. Aunque ahora no convendría matar a Barrabás.
-Dalo por muerto -murmura el romano, y me entusiasman tanto las facilidades que me ofrece el Señor para mi investigación que le hago caso a los hoyos de la sonrisa de mi madre y pido un vino con olor a vino.
SARA 2: Amós odiaba tanto a Jesús de Nazaret que empezó a hablar de mudarse a Jerusalén y una tarde lo visitaron los jefes máximos de los espías y Elkder y Elkbio le confirmaron que el nazareno expulsaba los espíritus impuros limpiaba a los leprosos curaba paralíticos resucitaba niñas y ahora ya se atrevía a corregir la Torá y a reírse del ayuno y del shabbath y pedía un Hombre Nuevo que pensara y actuara como Dios para poder morar eternamente en el reino del Padre: entonces el aspirante a discípulo de Gamaliel que vivía organizando aquelarres en Magdala y Tiberíades no tuvo más remedio que emplazarte a fijar fecha para la boda y decidirse a dejar de una vez la podrida Galilea donde la gente hablaba tan mal que era capaz de llegar a invitarlo con una copa de burro del Hebrón justo cuando acababas de enamorarte hasta la última entretela de Rufo de Cirene: y un domingo asfixiante de Pentecostés el mujerío terminó de ayudarte con los preparativos y apenas te pusiste el pañolón que te había traído Alma de la sinagoga empezaste a sudar sangre y tuvieron que llamar al archisinagogo que te declaró endemoniada por impureza prematrimonial y Amós se daba la cabeza contra las paredes como un kizai y el altísimo quiso que esa tarde aparecieran en misión apostólica Judas Iscariote y Simón el Zelota y golpearan a la casa de la desgracia y el hombre con seducción oceánica y acento de Judea te midió abismalmente y te besó el entrecejo y te curaste y la boda duró tres días y Amós brindaba a cada rato por Abba y el Iscariote sonreía erecto y cuando se enteró que tu talita era la del maestro te la sacó de un manotón y nunca dejo de usarla.
Isabelino Pena terminó gastándose un denario en dos copas de vino-vino y cuando sonó el sofar del Templo enfocó el callejón azul y ya casi vacío con una ebriedad todavía razonable. Lo mismo quedo desnudo y Dios va a proveer.
-Sírvale un poso con canela al amigo español -se volvió a despertar el soldado. -Para que brinde por la resurrección.
El gordo ladilludo pone cara de burócrata y me a da a entender que tengo que ir a buscármelo, y cuando agarro la copa con las dos manos por si me ataca el sacudón alérgico los tiras se dignan mirarme y el carancho se encrespa:
-¿Por qué no le explicás al enano gentil lo que es la resurrección, Publio? Y de paso nos enteramos.
-Lo único que me contó la gente de la guardia es que antes que terminara la última vigilia empezó a tronar mucho aunque los relámpagos se veían adentro de la tumba del maestro -quedó sobrio de golpe el hombre feliz. -Y la piedra se corrió sola y se maravillaron.
-Eso quiere decir que los borrachos que se asustan de los Mesías que mueren cagados en un sedile no sirven para legionarios -destripa un tábano caído en el vino Elkder.
-La paz sea contigo, Publio -volvió con un paso procesional el detective al banco sostenido por bolsas de cascotes.
Y cuando entorno la miopía hacia el callejón descubro a Almá de Corozain montada sobre el perrazo y sé que está llorando de amor y que me ve.

























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