lunes

ENTREVISTAS CON JOSÉ LEZAMA LIMA - FÉLIX GUERRA


PARA LEER DEBAJO DE UN SICOMORO

VIGESIMOPRIMERA ENTREGA

9 / REITERACIONES Y REMINISCENCIAS (2)

En las charlas de estos días ha vuelto usted repetidamente sobre el tema del cubismo.

Las reiteraciones y las reminiscencias son otras de mis naturalezas y estados larvarios. Del cubismo aprendemos que el objeto existe varias veces, que es él y su múltiple diversidad. Una cebolla es el inobjetable total de la muchedumbre de cebollas que lleva dentro. Una piña rebanada es el tránsito vertiginoso de la luz, salvando una distancia estelar hasta el plato. El plátano crece y madura por faces y se traga debidamente facetado, antes de que emprenda el ritual monstruoso y surreal de los albañales. La suma de lo que miramos se somete o debe someter a esta vuelta de tuerca visual y nuevo entresuelo de la percepción. Mientras no se llega a la semilla el fruto es comestible por sus siete puntos cardinales. La semilla adicionalmente y por constancia es la respuesta para los futuros apetitos. La suerte nos depara una cara del dado, pero el dado en realidad es una abundancia de azares. Las miradas cubistas nos arrojan un saldo de ombligos y ojos simultáneos. Debajo del bigote que se afeita, aguardan impacientes bigotes. Si usted se zafa una máscara, las cicatrices le tejen la siguiente. A causa de defectos propios, aunque incide la rigidez rectilínea de la luz, el ojo apenas alcanza a vislumbrar el fuego de la naranja por la latitud este o sur. Si fuéramos los felices propietarios de una pupila ubicua y circular, con desplazamientos geométricos, y la luz se proyectara a un tiempo ordenada y caótica pero envolvente, quizás entreviéramos la integralidad o un segmento mayor de la naranja. Pese a su factor eventualmente desintegrador y facetado, el cubismo es tal vez la visión de Dios recuperada por los órganos de todas formas imperfectos del hombre. También quizás una visión insistente y emotiva, totalizadora e intraespecífica del arte, camino por donde el hombre se hace Dios y recupera a sí mismo.

La mariposa vuela irradiando y se localiza desde innumerables puestos de observación. La mano cubre los itinerarios del sueño al sueño, ajena a sus propias posibilidades y maravillas. De cualquier forma, si escrutamos el envés nos perdemos el revés. El propio ojo no se ve a sí mismo ni al contiguo, porque las diversas dimensiones de lo que rodea giran simultáneas. El cubismo descubre que lo admirado es la sustancia disminuida de lo admirable. Los vuelos impalpables y el futuro de la larva que se agita en la linfa, permanecieron demasiados soles a la sombra. Debemos aprender a mirar, porque resulta evidente que nos asomamos con intolerancias y una sola mejilla. El cubismo es una conquista que nos conquistó y un descubrimiento con el que lograríamos incesantemente descubrirnos.

¿Entiende el cubismo a través de un filtro latitudinal, con menos cubos, vasos y botellas y más frutas y bigotes?

El café que soplo pasa inevitable por mi colador. Me atribuyo desde siempre la facultad de reducir la colada a cubos o buchitos, según apetezca esa mañana el paladar. Mi pasta no da para reacciones tardías o nacionales, cuando no cumplo todavía ni con deberes contemporáneos y universales. No me adhiero, sobre todo en el plano de las emociones, a ningún intento de reprocesar o tropicalizar, como tampoco me atrae enjuiciar retrospectivamente. Menos, cuando se trata de una gran corriente o escuela de renovación. Más bien es un síntoma o reacción lógica de interpretación (que reflota mientras conversamos), cubista en esencia y que no ambiciona agregar aunque tampoco que le resten. Los estrechamientos no los resiste el cuello ni la propia botella.

Estimo que la piña, con sus formas cónicas y su naturaleza bromeliácea, padece de una espontánea inclinación por el cubismo, dado ese crecer angulado y la propensión a la ensalada, aunque con ello no agota su decursar de masa lujuriosa y ácida. ¿Alguien postuló que el cubismo no debía rozar por principio el renovado crecimiento de los bigotes? El jugo de melocotón me encanta, pero sólo logro beberlo mediante la gestualidad aprendida con el líquido de la piña. ¿Quién podría pretender descomponer y recomponer manzanas y ensartarlas al eje inclinado, en tanto al plátano se le reduce el destino mínimo de rubro exportable? Imagino una piña en trociscos bajando por el esófago de un antillano bigotudo y no concibo nada más cubista y nada menos disidente del apetito mundial.

¿Si Braque o Picasso no pintaron mariposas, alguien sobreentiende que el cubismo excluye a los lepidópteros? Los cubistas solían dibujar más de un ojo por el mismo lado de la cara: ¿pretender que lo hacían por el torvo placer de lanzar a continuación una ojeada restrictiva y opaca?


Prefiero atenerme a los hechos y aplaudir las aperturas y las ensaladas de frutas. Y permanecer atento a los esquemas y definiciones, que todos bailan sobre pisos de cenizas y acompañados de un cuchillo que al menor descuido salta y se clava en la garganta.

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