viernes

JORGE ARTURO REYES / EXCLUSIVO DESDE MÉXICO


MEMORIAL ESCRITO CON LAPIZLÁZULI
   
A Pablo Neruda
Permanece fiel hasta la muerte…
Apocalipsis, 2,10
  
23 de noviembre
  
Percibo un ambiente aferrado a la nostalgia. Salimos a las 23:50 hrs. del aeropuerto del Distrito Federal. El despegue fue tranquilo. Me tocó en ventanilla y pude observar la mancha asfáltica iluminada con velas de esperanza. El ascenso fue como tomar la punta del hilo de Ariadna, sólo que en esta ocasión, no había ninguna Ariadna que sostuviera el lado extremo del hilo.
  
El vuelo fue calmo. Las alas de metal avivaron mi pasión por el Cono Sur del continente. Ocho horas y media después, al lado de un grupo de diecinueve artistas michoacanos, llegamos al aeropuerto de Santiago el día veintitrés a las 11:00 a.m., hora local -son tres horas de diferencia en relación a México-. Abordamos un vehículo que nos transportó al puerto de Valparaíso. En el camino me preguntaba ¿cómo será?, ¿cómo es Chile?
  
Las imágenes que vi de Valparaíso me parecieron espectaculares. Las lecturas sobre la opinión que tenía Neruda de la ciudad, lo ratificaban; en Valpo, se refugió cuando lo perseguía su gobierno por cuestiones políticas, desde allí, huyó  para emprender una travesía épica hasta la Argentina. Valparaíso, es parte del Canto General.
 En el trayecto, con los ojos apagados por la tristeza, el chofer nos habla de la dictadura chilena, donde las bombas dejaron de ser metáforas para tomar la forma de cuerpos siniestros.
  
24 de noviembre
   
No he tenido mucho tiempo para leer; ni escribir. La jornada transcurrió con la intensidad de horas impregnadas con el olor de la sal. Tuvimos varias cosas que hacer el día de ayer antes de poder sentarnos a comer un trozo de pescado y tomar un buen vino. Visitamos a funcionarios que como en México, entorpecen los lazos de comunicación entre los pueblos de América. Pese a ello, Arnoldo, catedrático chileno que fuma con la intensidad de los relámpagos de la luna a media noche, nos llevó a un restaurant de nombre Victoria; nos pidió un platillo típico que tiene por nombre el de Chorrillana, que consiste en papas fritas con carne y salchichas aderezadas con salsa y aceite que le dan un sabor muy peculiar al asunto. El vino nos alegró el corazón, mientras una chica porteña exhalaba mariguana con la pasión de un ser que traga rayos de electricidad, con el propósito de anestesiar el alma.
  
Inmersos en un laberinto de asfalto, llegamos al caracol que nos conduce a la  Sebastiana, la casa de Pablo Neruda en Valparaíso. Allí, en la ciudad cuyas escaleras descienden al lugar donde se desborda el mar; descubro que el corazón de Latinoamérica yace en la piel de su gente. Con la visión de imágenes que unen los ojos de la hermandad, caminamos cobijados por los grafitis que adornan las paredes; tan suyas, tan nuestras, tan de nadie.
  
Embriagado con la luz que anestesia los sentidos, la estrella solitaria guía nuestros pasos. Influido por la imagen de Salvador Allende, en la punta del acantilado trazo un grafiti:
  
El arte de la acción, trabaja con la voz de los hilos llamados poética de la resistencia; los rizos de las uvas alimentan la maquinaria de la imaginación. Las fotografías, inmortalizan la paz y anestesian a las putas quimeras.       
  
Por la tarde
  
Son las 13:00 hrs. acá en Valparaíso, hace frío y está nublado. Corre un vientecillo del Sur, olor a nostalgia salada. He intercambiado algunas palabras con una mujer noruega de nombre Muna. Estaba sentada en un pórtico clásico de estos lugares, difícilmente pudimos sostener una plática, mientras lo hacíamos recordé el poema que escribí sobre la torre de Babel, sobre el nacimiento de la rosa de viento del lenguaje, sobre la confusión de la voz de los hijos de los hombres. 
  
Garabateo:
  
La obsesión de puertas
que descifren el misterio
de la encrucijada del pensamiento
me obliga a escribir
preguntas
con verdades guardadas                                      
en los bolsillos de Dios
  
Puerto, pasos y pacos
  
En la boca de la duda, sin ventanas a la esperanza; escucho la historia de tres obreros de un edificio de Valparaíso. Quienes después de la jornada laboral, se tomaron una cerveza con el sabor que deja el trabajo mal remunerado. Al beberla, las ansias de su cuerpo oprimido, se llenaron de vida e imploraron más cerveza escudo. Con los embaces vacíos, fueron parados por una patrulla de pacos o carabineros como le llaman a la policía en Chile. Déjenlos libres. No han hecho nada. Gritaba Solaine desde la ventana de su casa. Esta historia, era platicada por un hombre embriagado con el vinagre del exilio. Temo que regrese la dictadura. Concluye. Acaso, ¿le han cortado la lengua a los Mapuches? También, percibo la poesía de Ramón Martínez Ocaranza puesta en la voz de la rabia. Pamela, me confiesa en secreto solemne: todo se va a ir a la mierda. Pienso: Los libros de filosofía se deshojan con el reflejo de la noche que nace en el pico del zopilote.
  
Recuerdo la voz sin respuesta de la mujer encargada del teatro Mauri, que vende café colombiano por setecientos pesos chilenos ¿Y cómo encuentran a este país larguirucho y oscuro, atrapado entre la cordillera y el océano?
  
Pese a todo, en un rincón de la plaza Aníbal Pinto, el vino se derrama sobre el chocolate producido por la comunidad Casa Blanca; los versos se escriben solos; y el aroma de la sal abre el camino del astrolabio.
  
Tres de la mañana
25 de noviembre
  
Siento las palpitaciones del mar. El sonido de sus latidos retumba en cada uno de los rincones de esta ciudad laberinto. Al andar mis pasos, despierto los aromas del tiempo. Asesino con el péndulo de la vida, a la sombra de la tristeza. Durante el pasar de los minutos, he derramado sobre el faro del paraíso, mi visión cansada, oculta en la lejanía de ciudades endémicas. Al caer el día, descansaré en la alfombra de asfalto que alimento con la piel de mis pasos.
  
Jueves 26 de noviembre
  
La letra fluyó con la paz que reposa en la gota de la uva que cae al baúl hecho con pedazos de sal. Comimos racimos de vida aderezados con aceite de oliva. Mi mano, reposó sobre el muslo de semilla de la chica que perdió el Norte y contemplé, la fertilidad de cabellos con máscara multicolor.
  
Cuando el sol daba paso a la luz de la noche, la danza del diablo se encerró en el cuarto de madera donde reina la Cueca. El Vino Navegado, se desbordó sobre la Zopaipilla mientras una rubia de cabellos enmarañados, labios de pan, ojos de aceituna; danzó con el baile del lago e inmortalizó su voz en la caja de Pandora. En su pecho, como un tatuaje lleva las flores más hermosas del puerto, lleva consigo, el caracol de la vida.
  
El viaje ha sido largo…, el trabajo y los desvelos fueron recompensados con vino y lecturas sobre el mar; esto en una embarcación que partió del muelle Prat, que se detuvo en medio de la bahía mientras los poetas caminábamos sobre el agua de nuestro pensamiento. En una plaza poblada por perros famélicos y gente con oídos sordos, el taller imaquinario abrió sus puertas a corazones ávidos por encuentros/literarios.
  
Debido a que el túnel por el que transita la palabra desembocó en el puerto de Valparaíso, las cerezas flotaron en cada uno de los labios de los asistentes a la Asociación de Poetas Anónimos.
  
Recuerdo la noche en el puerto.
  
Descubro:
  
Entre la tierra y el mar, en un enredo de piedra y grafiti donde la primavera es acompañada por el viento de la Patagonia, habita Valparaíso; allí, bebo el sabor de Chile.
  
Isla Negra
Domingo 28 de noviembre
  
El viaje ha sido largo…, los pasos siguen andando pese a que yo me encuentro sentado en el zócalo de la poesía. Escribo, recuerdo, vivo; vivo, recuerdo y escribo:
  
La purificación del mar guarda el sabor de la sal, también, el color de mis letras de piedra y olvido. Rodeado por centinelas con la estructura del pino, con la fuerza de la roca y el bramido del mar, yace acostado sobre la arena de Isla Negra, el hombre que unió naciones con la constancia de su poesía, que firmó manifiestos de amor y revolución, que comió caldillo de congrio y que tomó whisky con la constancia del ángel que bebe del riachuelo de fuego.
Mientras narro este memorial, escrito con lapislázuli, descubro que las palabras tienen rejas y también libertades que soy incapaz de escribir; a pesar de ello, derramo sobre las hojas, tinta verde que se extiende hasta la antigua Tenochtitlán; hasta la ciudad de cantera rosa; hasta el río que le canta al nacimiento de una estrella solitaria. 
  
Valparaíso, Chile; del 22 al 29 de noviembre de 2010

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