martes

CASA DEL CIERVO



Hugo Giovanetti Viola

primera edición web de una nouvelle editada en el volumen colectivo Aunque se llene de sillas la verdad (Ediciones Caracol al Galope / Taller Literario Universo, 2004)

SEGUNDA ENTREGA

DOS: EL CIRCO

1 / -Y yo voy a ser siempre un ciervo -le pregunto a mamá cuando nos bajamos del 128.
-Vas a ser siempre mío -se le hundió graciosamente la mejilla a la mujer-muchacha opulenta y maquillada.
En la Casa Soler los empleados se alborotan como si acabara de entrar Chaplin, y después que me pruebo los guantes blancos tengo que subirme al mostrador a recitar o a contestar de qué color son las camisetas de los clubes.
-Oblación abracadabra -anunció con cara de bandido el ciervito. -Lóbrega rosa que tu almizcle efluvias / y pitonisa de epilepsias libias / ofrendaste a Gonk-Gonk vísceras tibias / y corazones de panteras nubias. / Para evocar los genios de las lluvias / tragedizaste en póstumas lascivias / entre osamentas y mortuorias tibias / y corazones de panteras nubias.
Pero de golpe me interrumpen matándose de risa y mamá me hace una seña furiosa.
-Eso no, Abel. Recitá lo de la escuela.
-Pero a mí me gusta más Herrera y Reissig -se le empañó el hocico al ciervo, ya agazapado para patalear.
-Esas son cosas de tu padre, mijo. Recitá El osito rezongón de una vez, que se nos hace tarde.
Y entonces siento que en lugar de ponerme guantes me acaban de cortar dos pedazos, igual que al desgraciado.

2 / Cuando bajamos la escalera del Señor de la Paciencia mamá sigue sin dejarme caminar en cuatro patas.
-Después el Walter te dice bicho y llorás -se persignó aniñadamente la mujer frente al primer altar del recorrido. -¿Qué querés? ¿Terminar usando dos pares de zapatos?
A mí me encanta un soldado a caballo que mata a un dragón en un vitral: con lo demás me aburro.
-Por acá cerca queda el conventillo donde vivía el dichoso Náufrago -parpadeó la mujer mientras esperaban el ómnibus frente a la incandescencia cenital del puerto. -Yo ya no sé qué hacer con mamita.
-Y qué es un conventillo.
-Un lugar para gente mugrienta, como el de los negritos de Lozano. Acá vive Gurvich, también. Y otros pintores del dichoso Taller.
-¿Te gustó el Cristo que pinté?
-Yo ya no sé ni lo que me gusta, mijo. Te juro que estoy tan desesperada que hasta iría al Pantanoso con Collell y tu padre a buscar tierra santa para inventarle una pomada a la vieja.

3 / -En el fondo de mi casa / tengo un oso rezongón / cuatro tigres tres jirafas / y un cachorro de león -sacudo los cascabeles y siento que soy el mejor de la fiesta. -Pero yo no tengo miedo / ni me asusto ni me escapo / porque yo soy muy valiente / y las fieras son de trapo.
El ciervito había llorado todo el año al despedirse de su madre en la puerta de la escuela. Y después que volvemos al salón cantando Mi bandera no la veo aparecer por ningún lado y empiezo a correr en cuatro patas por el recreo y termino aterrizando en el pedregullo y me aujereo los guantes y me lastimo la panza.
-No lo lleves a upa, Chela -le ofreció un Sinniko al taximetrista el padre de Abel. -Ya tiene cinco años, por Dios.
-Yo lo único que quiero es que sea feliz, Pepe -me da besos en los raspones mamá. -¿Nos acaba de felicitar toda la escuela y vos arriba querés que lo rezongue?

4 / Después de desinfectarme y vendarme con curitas mi padre me lleva al torreón, donde mi abuelo y Collell ya están curando al Náufrago.
-Listo -terminó de rociar la arcilla del Pantanoso con porlan dorado el viejo. -Esta mezcla la usamos en las molduras finas del santuario del Cerrito y nunca se rajó.
Y revoca los muñones del Náufrago y mi padre y Collell le colocan las manos y se las forran con muñequeras elásticas.
-Cuando liquidemos el anís y las longanizas ya van a estar secas -sonrió el catalán.
Y mientras brindan y comen vemos llegar las garzas y salir una luna color malvón y pienso en el pesebre.

5 / -Así que el desgraciado se curó, nomás -se le pone verde el esqueleto a mi abuela. -¿Y ahora adónde va a ir a jeder?
-Van a recorrer Europa de mochileros con Gurvich -sonrió el padre de Abel, casi borracho.
-Hoy estábamos diciendo de asar un cordero para la Nochebuena -empieza a lavar los platos mamá.
-¿Vos sabés que yo nunca comí nonato? -le brilla el musgo de la calavera a la vieja. -A lo mejor con eso me curo. O si me hicieran friegas. ¿Sobró barro sagrado?
-Claro -se levantó de la mesa el hombre diminuto, narigón y con jopo a lo Schiaffino. -Lo guardé en el altillo. Pero hay que usarlo con mucho cuidado.
Y cuando salimos al patio mi abuelo ladra, lleno de luna:
-La Virgen del Cerrito sufría sin joder a nadie. Y nosotros la queríamos más que a Batlle y Ordóñez.

6 / Y esa noche me despiertan los alaridos de la vieja pero mi padre sube y baja igual que en las calesitas diciendo:
-Hoy no me saca nadie del cielo, mi amor.

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