domingo

NOCHE OSCURA (43) - SAN JUAN DE LA CRUZ


LIBRO SEGUNDO

DE LA NOCHE OSCURA, TRÁTASE DE LA MÁS ÍNTIMA PURGACIÓN, QUE ES LA SEGUNDA NOCHE (PASIVA) DEL ESPÍRITU.

CAPÍTULO 12 (2)

4 / De donde se sigue que los superiores espíritus y los de ahí abajo, cuanto más cercanos están de Dios, más purgados están y clarificados con más general purificación, y que los postreros recibirán esta iluminación muy más tenue y remota.

De donde se sigue que el hombre que está el postrero, hasta el cual se viene derivando esta contemplación de Dios amorosa, cuando Dios se la quiere dar, que la ha de recibir a su modo muy limitada y penosamente; porque la luz de Dios que al ángel ilumina, esclareciéndole y suavizándole en amor por ser puro espíritu dispuesto para la tal infusión al hombre, por ser impuro y flaco naturalmente le ilumina (como arriba queda dicho) oscureciéndole, dándole pena y aprieto -como hace el sol al ojos legañoso y enfermo- y le enamora apasionada y aflictivamente, hasta que este mismo fuego de amor le espiritualice y sutilice, purificándole hasta que con suavidad pueda recibir la unión de esta amorosa influencia (a modo) de los ángeles y ya purgado, como después diremos, mediante el Señor. Pero, en el entretanto, esa contemplación y noticia amorosa recíbela con el aprieto y ansia de amor que decimos aquí.

5 / Esta inflamación y ansia de amor no siempre el alma la anda sintiendo; porque a los principios que comienza esta purgación espiritual, todo se le va a este divino fuego más en enjugar y disponer la madera del alma que en calentarla; pero ya, andando el tiempo, cuando ya este fuego va calentando el alma, muy de ordinario siente esta inflamación y calor de amor. Aquí, como se va más purgando el entendimiento por medio de esta tiniebla, acaece que algunas veces esta mística y amorosa teología, juntamente con inflamar la voluntad, hiere también, ilustrando la otra potencia del entendimiento con alguna noticia y lumbre divina tan sabrosa y delgadamente que alumbrada, digo, ayudada de ella (sin ella hacerse nada) ese divino fuego de amor en vivas llamas, de manera que ya al alma le parece él vivo fuego por causa de la viva inteligencia que se le da. Y de aquí es aquello que dice David en un salmo, diciendo: Calentóse mi corazón dentro de mí, y cierto fuego, en tanto que yo entendía, se encendía (Ps. 38,4).

6 / Y este encendimiento de amor con unión de estas dos potencias, entendimiento y voluntad, que se unen aquí, es cosa de gran riqueza y deleite para el alma, porque es cierto toque en la Divinidad y ya principios de la perfección de la unión de amor que espera. Y así, a ese toque de tan subido sentir y amor de Dios no se llega sino habiendo pasado muchos trabajos y gran parte de la purgación. Mas para otros más bajos que muy ordinariamente acaecen, no es menester tanta purgación.

7 / De lo que habemos dicho aquí se colige cómo en estos bienes espirituales que pasivamente se infunden por Dios en el alma, puede muy bien amar la voluntad sin entender el entendimiento, así como el entendimiento puede entender sin que ame la voluntad: porque, pues esta Noche oscura de contemplación con esta luz divina y amor (así como el fuego) tiene luz y calor, no es inconveniente que, cuando se comunica esta luz amorosa, algunas veces hiera más en la voluntad, inflamándola con el amor, dejando a oscuras al entendimiento sin herir en él con la luz; y otras, alumbrándole con la luz, dando inteligencia, dejando seca la voluntad -como también acaece poder recibir el calor del fuego sin ver la luz y también ver la luz sin recibir el calor del fuego-, y esto, obrándole el Señor, que infunde como quiere.
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