domingo

EL TEATRO Y SU DOBLE (18) - ANTONIN ARTAUD


LA PUESTA EN ESCENA Y LA METAFÍSICA (2)

Ocurre a veces que en el chisporroteo de un fuego de artificio, a través de ese bombardeo nocturno de estrellas, cohetes y bombas solares, se nos revelan de pronto, en una luz alucinatoria, y en relieve contra el cielo de la noche, ciertos elementos del paisaje: árboles, torres, montañas, casas; y su claridad y aparición repentina quedan ligadas definitivamente en nuestro espíritu a la idea de ese sonoro desgarramiento de las sombras. No es posible expresar mejor esta sumisión de los distintos aspectos del paisaje a las llamas que se manifiestan en el cielo sino diciendo que aunque esos aspectos tengan su luz propia, son a pesar de todo como débiles ecos del fuego repentino y celeste, puntos vivos de referencia que han nacido del fuego y han sido colocados en sitios donde pueden ejercer toda su fuerza destructora.

Hay además algo de espantosamente enérgico y perturbador en la manera con que el pintor representa ese fuego, como un elemento aun activo y móvil en una expresión inmovilizada. Poco importa cómo ha alcanzado ese efecto, es real, y basta ver la tela para convencerse.

De cualquier modo ese fuego, del que se desprende innegablemente una impresión de inteligencia y maldad, sirve, por su misma violencia, de contrapeso en el espíritu a la pesada estabilidad material del resto del cuadro.

Entre el mar y el cielo, pero hacia la derecha, y en el mismo plano que la Torre Negra, se adelanta una estrecha lengua de tierra coronada por un monasterio en ruinas.

Esta lengua de tierra, aunque aparentemente muy próxima a la orilla en que se alza la tienda de Lot, limita un golfo inmenso donde parece haberse producido un desastre marítimo sin precedentes. Barcos partidos en dos y que no acaban de hundirse se apoyan en el mar como sobre muletas, esparciendo a su alrededor mástiles y arboladuras arrancadas. Sería difícil explicar cómo es posible que uno o dos navíos despedazados den una impresión de desastre tan completa.

Parece como si el pintor hubiese conocido ciertos secretos de la armonía lineal, y los medios de hacer que es armonía afecte directamente el cerebro, como un agente físico. En todo caso, esta impresión de inteligencia, presente en la naturaleza exterior, y sobre todo en la manera de representarla, es visible en otros detalles del cuadro: por ejemplo, ese puente que se alza sobre el mar, alto como una casa de ocho pisos, y por el que pasan unos personajes, en fila, como las Ideas por la caverna de Platón.

Sería falso pretender que las ideas que comunica este cuadro son claras. Tienen, en todo caso, una grandeza a la que nos ha desacostumbrado la pintura que es meramente pintura, es decir toda la pintura de varios siglos.

Además, Lot y sus hijas sugieren una idea acerca de la sexualidad y la reproducción, pues Lot parece estar allí para aprovecharse abusivamente de sus hijas, como un zángano.

Esta es, prácticamente, la única idea social que hay en el cuadro.

Todas las otras ideas son metafísicas. Mucho lamento emplear esta palabra, pues ese es su nombre, y yo aun diría que tienen grandeza poética y eficacia material porque son metafísicas, y que su profundidad espiritual no puede separarse de la armonía formal y exterior del cuadro.

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