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UN PRECURSOR DE LA VANGUARDIA - TAN ERÓTICO COMO MÍSTICO


por Juan de Marsilio

ESCRIBE EDUARDO ESPINA en Julio Herrera y Reissig. Prohibida la entrada a los uruguayos -citando al crítico norteamericano Harold Bloom- que el comentario de un poema es, de algún modo, otro poema. Sin renunciar al rigor de un abordaje crítico, el libro es un largo y entusiasta poema sobre Herrera y Reissig y su poética, con la que comparte características que lo vuelven un texto difícil para el lector poco amigo de dificultades. Como Herrera, Espina escribe con todo el diccionario y, de paso, lo ensancha con abundantes neologismos. Ama Espina también la musicalidad sugerente y los juegos de palabras. Del mismo modo, prefiere mostrar por metáforas que dar largas y razonadas explicaciones (pero en tanto el de Espina es un trabajo crítico debe darlas y lo hace, con las dificultades que su asunto le impone, pues lo mayor y lo más profundo de la poesía de Herrera es revelación metafórica e ilógica de intuiciones trascendentes).

En resumen, que al igual que en la puerta de la "Torre de los Panoramas", ese altillo en que Herrera recibía a la pequeña corte de sus admiradores, un cartel rezaba "Prohibida la entrada a los uruguayos", deberían prohibirse entrar a este libro a los lectores que busquen la explicación sencilla sobre uno de nuestros poetas más complejos, lo mismo que los que aspiren al acuerdo absoluto e inmediato con las tesis de Espina, que tienen el fértil mérito de lo discutible.

ÚLTIMO MODERNISTA

En un reportaje reciente, realizado por Gerardo Carrasco para el portal Montevideo COMM, Espina señala que la pregunta sobre Herrera no es cuánto más hubiera escrito si su corazón enfermo no lo hubiese matado a los treinta y cinco años, sino hacia dónde iba como poeta. Espina acierta al sostener que hay dos Herrera y Reissig: el que es uno de los últimos grandes poetas modernistas (aunque ignorado por muchos estudiosos y antólogos de esa corriente) y el que anticipa la Vanguardia, cuya influencia es perceptible en Huidobro, Vallejo y Neruda, que la reconocen. Puede discutírsele a Espina cuánto ve de modernidad plena, de surrealismo anticipado en Herrera, pero esa anticipación, más allá de cuestiones de grado, está, y sobre todo en los poemas largos a los que Espina apunta: "La vida", "Desolación absurda" y "La Torre de las Esfinges". Puede discreparse con Espina en su juicio sobre la última poesía de Rubén Darío, contemporánea con la producción de Herrera, y en especial en su valoración sobre Cantos de vida y esperanza, pero acierta al marcar que mientras Darío busca una superación de los límites modernistas por el lado de lo temático, Herrera lo hace también abriendo nuevos caminos formales.

Esta idea de los dos Herreras ayuda a entender la afirmación de Espina en el sentido de que el poeta es ignorado y desatendido en Uruguay. Si se obvia el rechazo y la incomprensión de Osvaldo Crispo Acosta "Lauxar", bien señalados por Espina, y el hecho de que Herrera no sea autor obligatorio en los programas oficiales de Literatura -sólo Quiroga y Florencio Sánchez gozan de tal distinción- el poeta ha recibido atención crítica durante el siglo pasado. Cierto que le cupo la desgracia de que el centenario de su nacimiento coincidiera con el tan mentado "año de la orientalidad", lo que impidió que se ahondase entonces en los aspectos más provocativos de su obra. Lo que ocurre es que se ha atendido su aspecto menos renovador y removedor: el de gran poeta modernista ignorado por la crítica iberoamericana. Esa faceta de la poesía de Herrera y Reissig, excelente pero mucho más fácil de interpretar que sus anticipaciones de vanguardia, es la que de tiempo en tiempo aparece en nuestras aulas.

LA MÚSICA Y LAS METÁFORAS

Señala Espina que al leer la poesía de Herrera la sugerencia musical de las palabras y las imágenes deben atenderse por sí mismas, no como piezas que puedan desarmarse y volverse a armar en procura de una interpretación única del texto.

Es una poesía difícil, por la cantidad y complejidad de las imágenes utilizadas -"una ametralladora metafórica", según Anderson Imbert, citado por Espina- que vinculan al autor con una tradición de complejidad (el trovar clus de la Edad Media, el culteranismo gongorino) a la vez que lo proyectan hacia lo que luego será el surrealismo y, en nuestro continente, el neobarroco. Se trata de textos que disparan al lector en direcciones diversas, por su capacidad polisémica y por su renuncia a un curso lineal, lógico. A trueque de esta dificultad, una enorme riqueza musical y de sentidos posibles.

EXOTISMO

Herrera, lo mismo que casi todos los poetas modernistas, ama el exotismo. Prueba de ello es su serie de sonetos titulada Los éxtasis de la montaña, en que describe paisajes, propios de los Alpes o los Pirineos, que nunca vio. Pero a diferencia de lo que suele afirmar la crítica, Espina sostiene que el exotismo herreriano, lejos de ser una actitud evasiva, es una respuesta desafiante a una sociedad con la que el poeta no se siente conforme. Es revelador el estudio que Espina hace de los escritos en prosa del poeta, en los que se critica el atraso de la sociedad montevideana, sobre todo en lo tocante a la moral sexual. El erotismo es también una de las claves de la poesía de Herrera.

Este exotismo desafiante del poeta si bien podría interpretarse como despecho de un patricio venido a menos, es su modo de buscar un lugar en su sociedad, a la que critica porque se interesa en ella. Señala bien Espina que en sus poemas extensos, la anticipación de la vanguardia confluye con el ritmo propio de nuestra poesía gauchesca. Julio Herrera y Reissig creía que "Tontovideo" era una toldería, pero las décimas de ese poema rarísimo que es "La Torre de las Esfinges" bien podrían cantarse en aire de milonga.

EROTISMO TRASCENDENTE

Lo más útil de este trabajo de Espina, a la hora de buscar estrategias para una mayor difusión de la poesía de Herrera entre nuestras generaciones más jóvenes, es el estudio de los elementos eróticos y místicos, que guardan íntima relación. Espina anota que Herrera aborda lo erótico sin recurrir tanto a las máscaras metafóricas a que obligaba, a otros poetas contemporáneos, la pacatería imperante. Este erotismo herreriano se vuelve experiencia trascendente, donde el amante se hace uno con la amada al poseerla, pero logra además intuir lo absoluto.

Espina estudia con detalle la presencia del catolicismo, en unión sincrética con elementos orientales y ocultistas, que Herrera utiliza para construir una poesía en la que todo, hasta lo más cotidiano, muestra una sobre-realidad trascendente, en anticipo a la capacidad surrealista de ver en este mundo todos los otros que pueda haber.

JULIO HERRERA Y REISSIG. PROHIBIDA LA ENTRADA A LOS URUGUAYOS, de Eduardo Espina. Planeta, 2010, Montevideo, 418 págs. Distribuye Planeta.
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