miércoles

LECCIONES DE VIDA (7) - ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


1 / LA LECCIÓN DE LA AUTENTICIDAD (5)

DK (1)

Le pregunté a una mujer que se estaba muriendo:

-¿Quién eres ahora?

Ella me respondió:

-Siempre me he sentido tan normal desempeñando mis roles que tenía la sensación de que mucha gente podría haber vivido mi vida: nada hacía que fuera diferente a la de los demás.

“Gracias a mi enfermedad me he dado cuenta de algo muy revelador: sé que soy una persona única. Nadie ha visto o experimentado el mundo del mismo modo que yo, y nadie lo hará. Desde el principio de los tiempos hasta el final, no habrá nadie como yo.

Esto era tan cierto para ella como para todos nosotros. Nadie experimenta el mundo del mismo modo. Todos vivimos historias distintas y nos ocurren cosas distintas. Nuestro ser es único más allá de lo comprensible. Pero hasta que no descubrimos quiénes somos en realidad, no podemos celebrar nuestra singularidad.

Muchas personas padecen graves crisis cuando se dan cuenta de que no saben quiénes son realmente.

Además, empezar a averiguarlo constituye una tarea sobrecogedora. Descubren que no saben reaccionar ante las circunstancias de un modo genuino en lugar de hacerlo como creen que deberían.

Algunas personas, cuando se enfrentan a diagnósticos que pueden significar la muerte, tienen que averiguar, por primera vez, quiénes son. Ante la pregunta de quién se está muriendo, surge la respuesta de que una parte de nosotros no muere, sino que continúa, como siempre lo ha hecho. Cuando caemos enfermos y ya no podemos ser la cajera, el viajante, la doctora o el entrenador deportivo, tenemos que formularnos una pregunta importante: “Si no soy estos roles, entonces ¿quién soy yo?”. Si ya no somos la chica maja de la oficina, el tío egoísta o el vecino voluntarioso, ¿quiénes somos?

Para descubrirnos, ser auténticos con nosotros mismos y averiguar lo que queremos y no queremos hacer, tenemos que confiar en nuestras propias experiencias. Debemos hacer las cosas porque nos proporcionan paz y alegría, desde el trabajo que desempeñamos hasta las ropas que vestimos. Si hacemos algo para que los demás nos valoren, es que nosotros no nos valoramos. Resulta sorprendente lo mucho que nos regimos por lo que creemos que debemos hacer y no por lo que queremos hacer realmente.

De vez en cuando debemos concedernos un capricho que normalmente reprimimos o hacer algo raro o nuevo. Probablemente aprenderemos algo sobre quiénes somos. O podemos preguntarnos qué haríamos si nadie nos mirara, si pudiéramos hacer lo que quisiéramos sin consecuencias. ¿Qué haríamos? Nuestra respuesta nos revelará mucha información sobre quiénes somos o, al menos, sobre qué hay en nuestro camino. Es posible que nuestra respuesta apunte a una creencia negativa acerca de nosotros mismos, o a una lección que debemos aprender antes de descubrir nuestra esencia.

Si nuestra respuesta es que robaríamos, es probable que tengamos miedo de no tener lo suficiente.

Si nuestra respuesta es que mentiríamos, es probable que no nos sintamos seguros diciendo la verdad.

Si nuestra respuesta es que amaríamos a alguien a quien no amamos en la actualidad, es posible que tengamos miedo a amar.

Durante las vacaciones yo siempre corría de un lado para otro. Me levantaba temprano y, durante el día, visitaba tantos lugares y hacía tantas cosas como me era posible y regresaba al hotel avanzada la noche, agotado. Cuando me di cuenta de que aquello no me divertía, de que siempre estaba en tensión, me pregunté qué es lo que haría si nadie me viera. La respuesta fue que dormiría hasta tarde, visitaría algunos lugares de interés a ritmo pausado y me sentaría en una playa o una terraza al menos una hora al día, para leer un buen libro o, simplemente, no hacer nada. El rol de turista entusiasta que lo visita absolutamente todo, no era yo. Lo hacía porque creía que debía hacerlo, pero me sentí mucho más feliz cuando me di cuenta de que me divertía y aprendía más si combinaba el turismo con el descanso.

¿Qué haríamos si nuestros padres, la sociedad, el jefe o el profesor no estuvieran cerca? ¿Cómo nos definiríamos a nosotros mismos? ¿Quién hay detrás de todas esas circunstancias? Ese es nuestro verdadero yo.
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