sábado

6 TEXTOS DE FEDERICO RODRIGO




R(evolución)

Le transpiraba el pecho de apretarse un niño con tanta fuerza: corría. Y el sudor de su pecho parecían lágrimas del niño y las dos respiraciones se escuchaban como una. Corría. Quizás algún día hubiera podido llegarlo a salvo pero no, el dolor la cayó muerta. Sus brazos muertos de resorte lograron tirarlo hacia donde fuera para que el niño en el aire aprendiera y así siguiera corriendo.


Más que loca: una cuerda floja

Perfectamente alineadas, como verdes soldados de cascos de colores, cientos de flores descansan en los locos canteros del manicomio.
Entre ellos ya hace un par de días que salta y juega una niña de trenzas y vestido rojo. Nadie la cuida: enfermeros porque para eso no se le paga, locos por tener demasiado tiempo ocupado en nada, la intemperie por ser tan fría.
Sí, despertó el interés de un tipo que ya no le quedaba a quién golpear. Como loco entre los locos cruzó el siempre abierto portón de hierro y le sujetó las rojas trenzas a tono de la sangre que lo cautiva.
Pero nunca la vio, porque la niña le agarró las orejas como a un par de perillas y  le bajó toda la violencia solo mirando al fondo de sus ojos. Quién habrá olvidado aquella niña allí para salvarlo. (Capaz fue el mismo que se olvidó de él y de todos).
Capaz que fui yo.


Me dijo un niño raro

Muchas veces tengo frío pero a veces el frío me tiene a mí.


Como una aplaneadora

Ayer vi que a veces me encorvo
Como para no molestar el alcance de otra vista
Y por las dudas me entrevero en el silencio
Y se me agota el mar en un sorbo
Despinto el cielo y lo dejo que exista
(Ahí sí me diferencio)

Falso: como un corazón jamás roto
Cunas-manchas de humedad
Ojalá por feas se pudieran dejar de doler

Qué si bajara la vara de pronto
No como culto a la mediocridad
Si no para ver qué puede ser tu ser.

Qué puede, qué quiere, qué esconde,
Qué hace si viene frío
Qué nombre le propone a la maldad.

Creo que puedo desaveriguar qué me corresponde
Qué es nuestro, qué es ciego, qué sabe la sed, qué es mío
Qué si nunca inventaron la falsa sensación de propiedad.

Creo que puedo arreglarte aquella estrella
Solo si me ayudan tus manos sucias
Que ninguna acusación de deshonesta mugre  puede limpiar

De párpados enterrados  también dejo huella
Y si no serán de amor que las filtre la astucia
Si no disfruto dejarlas que alguien las disfrute repasar.

Qué si también le tengo miedo a la muerte
Si me ilumina verte
Y tengo que racionalizarlo
Qué si algún día me ilumina la muerte
Y tengo miedo de verte
Por no revocarlo

Creo que puedo una vez no acusarte
De asustarte y de malgastar esa vida
Tragarme mi orgullo y hacerlo tuyo
Aunque sé está bien hecha y descarte
Que siempre que quiera se olvida
Que siempre el olvido deja su murmullo

A salvar se aprenderá a la mañana
No como los otros
Los que odio,
Los que no comprendo
Ellos ya callarán las yagas.


Cómo me libro

Desde niña vivía la vida con tanta pasión que tenía calor. Y se abanicaba con libros. Y empezó a salpicarse: de letras, de mundos, de sueños de alguien más (y algún día hasta de los suyos).


Mi cada día

Lo bueno de vivir contigo es que el principal objetivo de mi día se me cumple al despertar: verte.
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