domingo

OCTAVIO PODESTÁ “EL VOLUMEN CANTA ENSEGUIDA” (2)



Oscar Larroca / Gerardo Mantero

(La Pupila / junio 2012)


¿Qué pensás del parque de esculturas (frente a la ex casa de gobierno?

Lo que pasa es que el parque de esculturas fue creado con esa función, no como parque de recreación. Eso de arranque fue un error, porque se podrían haber hecho las dos cosas… y claro, ahora lo de (Nelson) Ramos perdió el color, la obra de (Ricardo) Pascale se cayó…

Un grupo de escultores denunció el abandono en el que había caído; sobre todo después del traslado del edificio de la presidencia.

Pero antes ya estaba deteriorado. Una vez yo estaba ahí, al lado de la escultura de (Francisco) Matto y miro para abajo y veo una madera que formaba parte del conjunto. Me la traje para acá y llamé a la galería, que tampoco me prestó mucha atención.

¿Cómo se explica esa negligencia?

Pasa en el interior también, con cada cambio de Intendencia. A mí me pasó una cosa en Durazno y lo digo porque lo sentí. Estaba la sobrina de (Adolfo) Pastor, directora del Instituto. Fenómeno, marchaba bárbaro, estaba la obra de (Claudio) Silvera Silva. Yo hago una recorrida por catorce departamentos, setenta piezas, llego ahí y hacemos la exposición. Había una vieja, como ochenta años tenía, que hizo mandar a hacer ruecas. Como quince. Tejían la lana en el campo, los telares los hacían en el suelo, con clavos. Teñían con los colores del campo. Volví a los diez años, ya no quedaba nada, vino otro Intendente y al diablo con todo. Y un poco pasa acá, con la Casa de Gobierno, con todo.

En un documental sobre tu obra que se realizó en la década del noventa vos decías que los escultores no tenían espacios públicos en los que mostrar la obra, mientras la cámara recorría tu taller atestado de obras. Yo me acuerdo que daba una sensación muy dramática. ¿Eso ha cambiado?

No realmente. Algo se expone, pero también tiene que ver con que yo sigo insistiendo a todo el mundo y por todos lados. Yo consigo material por el lado de las oficinas  públicas, sobre todo cuando no son cosas que no eran para mí solo, sino para una institución o algo. Ahora pasa en el SODRE. Un día me piden una pieza grande porque iban a hacer una filmación o algo así. Entonces me dicen: “Ah, ¿la podemos poner afuera?”. “Afuera no porque va a quedar perdida, para adentro está bien, pero si querés hacemos algo para afuera”. “No, porque no hay plata”. “No importa, vos haceme una carta que yo voy a alguna oficina pública, voy a ANCAP o a los ferrocarriles y vas a ver que conseguimos”. Y fue así: conseguimos. Teníamos que pagar quince mil pesos a un peón y otros tantos a la persona que la soldara. Una escultura de ocho metros por cinco por tres. Tengo ahí la maqueta. Después empezaron “que si”. “que no”, cambió de director, estaba entusiasmado, querían que se filmara el proceso creativo, el material no era un problema, pero al final todo se fue en vueltas…

Vos siempre tuviste un compromiso político importante.

No sé si importante, soy de izquierda, siempre acompañé a la izquierda y aunque la cague la voy a seguir compañando (risas).

O sea que sos un incondicional. Pero, ¿cuál es tu opinión sobre lo que ha pasado, a partir del gobierno de izquierda, con respecto a la cultura concretamente?

Personalmente, para mí, hay poco apoyo. No te lo digo por esto solo. Yo hice una escultura en Guichón. Siete metros de alto, tardé trece años. Venía un Intendente a ver, otra administración, otra cosa, me tenían podrido, hasta que al final vino uno que era conocido del embajador de Chile, que iban a hacer aquel corredor Chjile-Uruguay, no sé qué negocio y recién ahí se gastaron noventa bolsas de Pòrtland en cimientos. Pero son así: esos fogonazos que no tiene consecuencias. No podés confiar. Además después se mandan un vernisagge de whisky y qué sé yo qué más, que como mínimo (con esos despliegues) alvanza para pagar los quince mil pesos del soldador.

Las esculturas de Fructuoso Rivera, Aparicio Saravia o Wilson Ferreira, testimonian a personajes de la historia y de la política local. Hay un desplazamiento hacia el homenaje más simbólico de esas figuras a través de una plaza o de un memorial, una ruta nacional, un edificio. ¿Hay una transferencia hacia nuevas formas de testimoniar a la figura pública?

Lo nuevo fue lo de Wilson, ahí en la explanada de la Intendencia.

Yo estaba pensando más bien en un ejemplo como el espacio Líber Seregni…

Se me olvidaba, seguro. Bueno, se terminaron los generales a caballo. Debemos ser el país con mayor cantidad de generales a caballo del mundo (risas). Está también lo de la Plaza de los Armenios y el monumento al Holocausto, que están muy bien los dos ejemplos, sobre todo el del Holocausto. Ahora está el tema de la estatua a Zitarrosa, que la Intendencia está llamando a concurso.

Pero en las bases se dan indicaciones hasta de la posición en que tiene que estar la figura.

¡Las bases son un espanto, las indicaciones para la figura…! ¡lo piden pisando un banquito! ¿Y eso lo avala la Intendencia? ¿Qué hace el Departamento de Cultura con eso? Es como lo de Vaz Ferreira con Einstein sentados en el banco de la plaza… ¿Lo viste? ¡Horrible, es espantoso! ¡Lo hicieron en bronce! Estaba en la plaza de los bomberos. Todavía si fueran buenas esculturas, pero dejan mucho que desear…


Ha sido muy errática la política cultural en torno al asunto de las esculturas y de cómo exhibirlas en espacios públicos. El concurso que mencionaste es sólo un ejemplo.

Sí, como todo. Con respecto al concurso el llamado se hizo así y hubo gente que se presentó.

Bajo este diagnóstico que estuvimos haciendo, ¿cuál es el estado actual de la escultura en el Uruguay?

Hay, por lo menos que me acuerde, cuatro o cinco muchachos que están muy bien. Hay dos en Salto, (Carlos) Guinovart es uno de ellos. Acá está este muchacho, José María Pelayo. Se están haciendo varias cosas en piedra, que más allá de que me gusten o que no me gusten, es algo que no se hacía en nuestro país. Yo creo que es halagüeño el panorama.


Quizás no haya una visibilidad tan potente como en otra época.

No, yo creo que eso está mejor ahora, en el sentido de que la cabeza es más abierta. Nosotros estábamos muy anclados en lo que era el desnudo.

Pero en los salones no encontrás mucha gente joven que presente esculturas. ¿Quizá porque es un lenguaje que no se va a tomar en consideración? Antes en los salones había más esculturas.

Pero eran más clásicos los salones, se llenaban de cabezas y de desnuditos. A mí me gustó mucho una obra de un Salón, que era una gran esfera, hecha con maderitas, creo que ahora está en el espacio de Atchugarry y sigue funcionando estupendamente. Porque una cosa es la obra en un pedestal, en el medio de un salón y otra cosa ver qué pasa con ella en un terreno, mientras esperamos que la carguen. Así se ve si se salva o no se salva.

¿Hay una escultura típicamente uruguaya? Eso podría estar encerrado en una pregunta mayor: ¿vos pensás que hay un arte típicamente nacional?

Yo creo que no. Una vez hice de jurado con Mariví Ugoliono y otra gente, nos fuimos a Rivera. Había un modelado que era una cosa tan preciosa, me hizo acordar a Carlos González, tenía esa cosa linda de la campaña, pero es excepcional. Todo es muy europeo, estamos en eso.

¿Cómo manejan las galerías la cultura?

Mal.

¿En algún momento lo hicieron mejor?

No, siempre fue “parejo”, además siempre fuimos pocos. Fuera de los apoyos oficiales que pudieron tener Belloni o Zorrilla, el que se movió en ese sentido fue Yepes.

Las galerías quizá no lo vean como un objeto de mucha salida comercial.

Claro, pero además la gente ve más amablemente el color. Vos pones un colorcito y la cosa más o menos marcha. Ahora vos ponés un volumen mal delante de alguien que no entiende nada y lo ve enseguida, fundamentalmente en lo figurativo, pero también pasa con la abstracción. Yo me acuerdo que las pocas veces que mi madre venía al taller le mostraba en qué andaba. “¿Qué te parece, mamá”, y siempre le encontraba algo, lo mismo mi señora…

¿El viejo asunto de la mirada de los familiares?

Seguro. Hasta cierto punto es necesario y unos los escucha también hasta cierto punto.

Sí, pero a veces te matan.

Ah, sí. Yo no sé si es que vienen frescos de afuera mientras que uno está hace diez horas frente a la obra y no ves más nada. Pero es así , el volumen canta enseguida y cuando está mal está mal.
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