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LA INTIFADA PALESTINA Y SU POESÍA (22) - Alejandro Hamed Franco


Primera edición WEB: elMontevideano Laboratorio de Artes, 2016 / Primera edición: Arandurâ Editorial, 2002.

FADUA TUQÁN (4)

Cancioncillas para los comandos


1 / Parto

El viento arrastra el polen,
y nuestra tierra se sacude de noche en los temblores del parto.
Y el verdugo se engaña a sí mismo,
contándose la historia de la incapacidad,
la historia de la ruina y los escombros.

¡Joven mañana nuestra!... Cuéntale tú al verdugo
cómo son los temblores del parto;
cuéntale cómo nacen las margaritas
del dolor de la tierra,
y cómo se levanta la mañana
del clavel de la sangre en las heridas.


2 / Cuando llueven las malas noticias

El viento en las montañas trenza el humo,
y por sendas de noche y de tormenta
llueven rocas y piedras;
en la ceniza, negras;
en la humareda, negras.
¡Que lluevan como quieran esas rocas!
¡Que lluevan como quieran esas piedras!
El río sigue corriendo hacia su desembocadura,
y pasado el recodo de las sendas, en la amplia distancia
espera la mañana.
Espera la mañana por nosotros.


3 / Como nace la canción

Cogemos las canciones
de tu cansado y derretido corazón,
y bajo el denso mar de las tinieblas,
con amorosa luz,
holocaustos e inciensos, las amasamos.
Insuflamos en ellas la fuerza del pedernal y de la roca,
y luego las tornamos a tu límpido y puro corazón,
¡oh, pueblo combatiente y pacientero!


4 / Me basta con seguir en tu regazo

Me basta con morir encima de ella,
con enterrarme en ella;
bajo su tierra fértil disolverme, acabar,
y brotar hecha yerba de su suelo;
hecha flor, con la que juegue
la mano de algún niño crecido en mi país.
Me basta con seguir en el regazo de mi tierra:
polvo, azahar y yerba.


5 / Enamorado de su muerte

Se me llevan los sueños al sonreír la aurora.
Veo volar a mi pájaro,
dejarme antes de tiempo;
írseme de la mano en el remolino de los vientos,
tender las alas en su último estertor,
empujar a los vientos,
y caer desde los miradores de la aurora.


Y las rocas, abriéndole sus brazos como arroyos de seda,
recogen a mi pájaro
que abandonándome antes de tiempo,
y las patrias recobran a su hijo.
Para su viejo corazón, aun vivo,
lo recobran.

*  *  *

¡Oh, coral con las ramas extendidas
a ambos lados del camino!
Estoy enamorado de mi muerte
al tiempo de mi entrega redentora.
Estoy enamorado de mi muerte
bajo tu roja sombra sumergida.
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