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LUIS PÉREZ-ORAMAS “JOAQUÍN TORRES-GARCÍA REIVINDICÓ LA UTOPÍA DE UNA COMUNICACIÓN UNIVERSAL A TRAVÉS DEL ARTE”


Por Saioa Camarzana (18 / 5 / 2016)

Joaquín Torres-García. Un moderno en la Arcadia es la exposición que viene desde el MoMA a la Fundación Telefónica. Se trata de la primera gran retrospectiva del artista uruguayo que le dedica la pinacoteca en sus 80 años de vida. Luis Pérez-Oramas, comisario de la muestra, nos atiende antes de la inauguración de la exposición en Madrid.

Fue Joaquín Torres-García (1874, Montevideo - íbidem, 1949) quien, en una reunión en torno a Círculo y cuadrado (el grupo se formó en 1929 y publicaron tres números de la revista homónima) manifestó que la oposición binaria entre la abstracción y la figuración no tenía sentido. En aquel momento nadie lo entendió y por esa razón decidió abandonar el grupo. En esas fechas el artista de Montevideo bien podía crear una composición abstracta de estructura neoclásica que luego convertía en una máscara primitiva como al día siguiente producía una escena arcaica. "Esto no significa que no tenga una identidad artística porque en cada una de esas tres posibilidades se reconoce su manera", señala Luis Pérez-Oramas, comisario de la primera gran retrospectiva que tuvo lugar en el MoMA con 170 piezas (cerró en febrero) y que ahora llega a la Fundación Telefónica de Madrid hasta el próximo 11 de septiembre.

"El artista tuvo una importancia vital a principios del siglo XX en España", asegura el comisario. Se relacionó con las vanguardias y los artistas más importantes del panorama y después anduvo por el mundo. "Lo interesante de Torres-García es que cuando está en España actúa como si fuera local y cuando está en París o en Nueva York hace lo mismo", señala Pérez-Oramas. El pintor fue un moderno que se resistía a los cantos de sirena modernistas, "un moderno que sabe que la temporalidad es diversa, compleja y no sólo progresiva y que el estilo es una opción y no un medio para tratar de llegar a otra cosa". 

El pintor se formó en un ambiente rústico que se convierte en la clave de su producción. Llega a Barcelona con 17 años para formarse como artista y para los 29 ya se había convertido en una figura central de la escena catalana siendo un activo del movimiento intelectual y artístico noucentista. A esas primeras obras está dedicada la primera parte de la exposición de la Fundación Telefónica, donde se pueden ver obras como Figura con paisaje de ciudad (1917), Composición vibracionista (1918) y Ritmo de ciudad (1918).

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De Barcelona se fue a Nueva York, a París y, finalmente, volvió a su Montevideo natal. ¿Cómo se dibuja esa itinerancia en su obra?

Se puede ver la cartografía de sus migraciones. Nace en Montevideo, se forma en un ambiente muy rústico y esa rusticidad es clave porque Torres-García hará siempre un filtraje rústico de todo lo moderno. Llega a Barcelona de adolescente, se forma y de joven adulto de 29 años es una figura central de la escena catalana. Cuando se va a Nueva York trata de ser el artista total de allí, se relaciona con las vanguardias americanas, expone con Stuart Davis, se relaciona con los grandes patronos del arte contemporáneo de la ciudad que le compran obras. Participa de la sociedad de artistas, se hace el traje dadaísta, funda una fábrica de juguetes y se propone como artista decorador para proyectos de San Patricio, aunque no lo cogieron. Trabaja para Broadway y también en publicidad. Es decir, allí se modula en función del mundo que vive aunque todo termina en fracaso.

La fábrica de juguetes se hizo llamar Aladdin Toys, juguetes de madera que exploran las nociones de lo transformable, algo que ejercería más adelante en sus esculturas y en sus pinturas. Pero, "lo exponemos como un laboratorio formal y presentamos los patrones que usaba para producirlos" a base de cartulinas recortadas y pintadas con acuarela. En París, sin embargo, entre los años 1926 y 1932 cultivaba la abstracción al tiempo que comenzó a coquetear en lo primitivo para investigar con composiciones tridimensionales.

¿Fue ese fracaso americano la razón por la que volvió a Europa?

Retorna a Europa, como él decía, a la mesa rústica y al pan granuloso. En Italia comienza a hacer sus primeras maderas y una vez en París vuelve a estar en el centro de la escena, en la última gran batalla del tardomodernismo entre el surrealismo y la abstracción que trata de llevar a cabo y que acaba en Círculo y cuadrado. El año 1933 es muy simbólico en su vida porque llega Hitler, empieza el holocausto que incuba la Segunda Guerra Mundial y él decide irse a Montevideo, no como migración, aunque todas sus marchas siempre fueron un poco forzadas por las circunstancias. Aunque fue un artista europeo siempre mantuvo contacto con su país y con sus compatriotas y fue en Uruguay donde se constituye el artista que hoy conocemos. Ese artista internacional que se comportaba como local en cualquier parte del mundo

Es interesante pensar que su obra dibuja la cartografía internacional. Desde principio tenía ese destino o vocación por lo internacional. Fue un artista que, por otra parte, reivindicó lo universal, la posibilidad o utopía de lograr una comunicación universal a través del arte, que también es una dimensión interesante porque tiene una parte política.

¿Podría decirse que esa universalidad forma parte de su atractivo actual?

Hay un par de cosas que lo hacen atractivo hoy y lo hacen sentir joven. Entendió la complejidad casi inagotable y casi imposible de comprender el tiempo y la temporalidad. Cuando en 1916 la Generalitat de Barcelona le encomienda un fresco para el Palacio de san Jordi él dice que "lo temporal es solo un símbolo". Firma que es una convención, un artificio humano, algo que creamos nosotros. Y nosotros no somos víctimas del tiempo sino que lo determinamos. Nadie lo entendió, los católicos lo tomaron como pretexto para hacer un escándalo que no fue más que un escándalo xenofóbico, porque, ¿cómo era posible que un uruguayo tuviera la labor política más importante de Barcelona en ese momento?

¿Por eso se fue de allí?

Independientemente de la polémica y las razones por las cuales acabó todo aquello, se tuvo que ir a Nueva York. El año 1919 comienza la búsqueda de una temporalidad durativa y no una temporalidad progresiva. Entendía que en cada momento presente subsistían los sustratos de temporalidades pasadas, que eso era la complejidad y que a partir de esa complejidad se hacía lo moderno. Es una encarnación contemporánea para el siglo XX de aquella famosa discusión entre lo antiguo y lo moderno entre los franceses del siglo XVII. Unos decían que los antiguos son los superiores y nosotros los enanos encaramados en sus espaldas y otros decían que la modernidad es el destino pero se hace de ese sedimento.

¿Cuál es ese otro factor que le convierte en actual?

Torres-García era emigrante y vivimos en un momento en el que estamos viendo la tragedia de la migración, que lo que hace es manifestar que migrar es un derecho y no una concesión de los estados. La decisión de migrar es una decisión constitutiva de la humanidad. La humanidad solo se ha hecho a través de migraciones: si no, no estaríamos aquí, no habría grandes obras maestras, etc. Las formas migran y los humanos migramos y Torres-García fue un emigrante e inmigrante en un momento en que no era tan fácil. 

El artista llega a construir su propia identidad hacia el 1929 con la creación de Fresque constructif au grand pain y Physique a base de figuras esquemáticas pintadas de manera sencilla. Así, sus letras y palabras abreviadas grabadas junto a sus seres humanos, sus animales, barcos, templos y cruces pasarían a ser conocidos como Universalismo Constructivo. Pero esto no le impediría continuar gestando sus maderas abstractas ni sus investigaciones sobre la forma. Entre 1929 y 1933 "recordando lo que sucedía en esos años con la vinculación del mundo a través de las artes y contra la comprensión del mundo como tierra patria la reivindicación del símbolo y el universo tiene una dimensión política muy grande. A los gritos salvajes de quienes solo concedían lo humano a través de la sangre y del nacionalismo más instruyente le oponía el símbolo y la aspiración utópica de que podemos entendernos universalmente", concluye. Un año más tarde, en 1934, regresaría a Montevideo donde se erigió como figura central de la cultura de su país. En 1935 fundó la Asociación de Arte Constructivo y durante los años siguientes creó todo un imaginario de abstracción sintética y concreta en América. Pero la obra de sus últimos años se basa en la revisión de su estilo y regresa al color y crea el Taller Torres-García con las que concluye la exposición. 

¿Qué influencia ha tenido en los artistas contemporáneos?

Creo que hay artistas que cuando le descubren se impactan. Me contaban los familiares de Torres-García que vivieron en Nueva York en los 80 que Basquiat estaba fascinado por él y no es difícil de entender, cuando uno ve la rudeza y crudeza casi primitiva con la que se aproxima a la pintura. Torres-García, incluso, en algún momento llega a ser casi un grafitero. Pero, sobre todo, la influencia se produjo en los artistas tardomodernos: Louise Bourgeois fue una artista influenciada que incluso trabajó inspirada en él.
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