sábado

GASTON BACHELARD - LAUTRÉAMONT (CONCLUSIÓN)


In n’y a qu’un animal… L’animal est un príncipe.
(No hay más que un animal… El animal es un principio.)


I

Siguiendo una rama bien particular de la evolución poética, acabamos de ver que a todo lo largo de su desarrollo se ordenan una serie de estados poéticos claramente definidos, llevando todos la marca de una realidad psicológica muy especial. Si se pudiera continuar y completar nuestro esbozo, nos parece que se descubriría una verdadera línea de fuerza de la imaginación. Esta línea de fuerza partiría de un polo verdaderamente vital, profundamente inscrito en la materia animada -atravesaría un mundo de formas vivientes concretadas en bestiarios bien definidos-, después una zona de formas ensayadas como sueños experimentales, siguiendo la fórmula dada por Tistán Tzara, desembocaría por último en la conciencia más o menos clara de una libertad casi anárquica de espiritualización. A todo lo largo de esta línea de fuerza, debe sentirse la riqueza de la materia viviente; según el estadio de la metamorfosis, es la vida sorda la que arde, es la vida precisa la que ataca, la que juega y piensa es la vida soñadora.

Una línea de fuerza tal nos parece susceptible de formar la síntesis de dos hermosas obras filosóficas, muy diferentes, que vienen a renovar la doctrina de la imaginación creadora: Imagination et Réalisation, de Armand Petitjean, y Le mythe et l’homme, de Roger Caillois. Esas dos obras aportan una luz nueva sobre el carácter biológico de la imaginación, y por consiguiente sobre la necesidad vital de la poesía. Con sus dos principios dialécticos de la coordinación interna de las formas y del espejeo no coordenado de los adornos, la poesía es así el factor dominante de la evolución.

Sin pretender resumir en pocas páginas libros que hay que leer con la pluma en la mano, vamos a indicar cómo los ponemos en perspectiva, cómo desviamos también su línea ligeramente para que encuentre nuestras propias reflexiones. Entonces reconoceremos que el eje del lautréamontismo nos ayuda a dibujar esa línea de fuerza que representa el esfuerzo estético de la vida.
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