jueves

ENCUENTRO CON LA SOMBRA (El poder del lado oscuro de la naturaleza humana) - 118


SÉPTIMA PARTE

29. LA TOMA DE CONCIENCIA DE NUESTRA ESCISIÓN INTERNA (2)


Andrew Bard Schmookler

La oscuridad se asienta en el corazón de todo ser humano. Quizás encontremos cierto alivio en creer que los seres humanos más destructivos son una especie de demonios que pertenecen a una raza diferente. Sólo así es posible comprender que un escritor alemán subrayara la inutilidad de cualquier intento de comprender la conducta de Himmler porque, en su opinión, “tal tentativa equivaldría a tratar de comprender a un demente en términos de experiencia humana” (4). Más adecuada, sin embargo, nos resulta la opinión de un periodista alemán que afirmaba: “Desde el mismo comienzo sabíamos que Hitler era uno de nosotros. No debemos olvidarlo”. (5) Efectivamente, Hitler era un ser humano, uno de nosotros, y aunque la proyección pueda proporcionarnos cierto alivio, no podemos seguir ignorando que el verdadero camino que conduce a la paz pasa por el reconocimiento de que hasta el más diabólico de nuestros enemigos no deja, por ello, de ser tan humano como nosotros.

Es nuestra propia escisión interna la que ocasiona la hostilidad existente entre el bien y el mal. Sólo cuando comprendamos que el antagonismo es precisamente el causante de la maldad descubriremos una nueva dinámica moral que haga posible la paz. Mientras nuestra moral siga sustentándose en el modelo bélico nos veremos obligados a elegir un bando, identificarnos con una parte de nosotros mismos y repudiar a la otra. De este modo, todas nuestras tentativas fracasarán como el intento de elevarnos tirando de los cordones de nuestros propios zapatos.

Es lamentable que los “pacifistas” compartan, con tanta frecuencia, el mismo modelo ético que los belicistas. De ese modo, sin embargo, se colocan a sí mismos en el papel de personas virtuosas que sólo desean paz y consideran a los belicistas como una especie de demonios sedientos de sangre. Pero los belicistas también nos protegen de peligros muy reales y los “amantes de la paz”, por su parte, pretenden imponer sus opiniones sobre las de sus “enemigos”. De este modo, lo único que se consigue es mantener el imperio de la violencia enmascarándolo detrás de la bandera de la paz.


Notas

(4) Citado en Tarrytown Letter, abril de 1983, p. 16
(5) Ibid.
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