martes

ENCUENTRO CON LA SOMBRA (El poder del lado oscuro de la naturaleza humana) - 116


SÉPTIMA PARTE

28. LA DINÁMICA FUNDAMENTAL DE LA MALDAD EN EL SER HUMANO (3)

Ernest Becker

Coincido con Reich en su intento de despojar a la dinámica del mal de todo artificio técnico, porque, como él, considero que no es preciso insistir en ese punto. No obstante, si alguien deseara estudiar detalladamente este tipo de información puede recurrir a la abundante literatura psicoanalítica, uno de cuyos logros más importantes es que efectúa afirmaciones simples sobre la condición humana como, por ejemplo, el rechazo del hombre de su propia animalidad y su demostración de que esta negación tiene sus raíces psicológicas en la infancia. Es por ello que el psicoanálisis nos habla de objetos “buenos” y objetos “malos”, estados “paranoicos” de desarrollo, “represiones”, fragmentos “escindidos” de la mente que constituyen una especie de “enclaves de la muerte”, etcétera.

En mi opinión, la obra de Jung -que, con su peculiar estilo científico-poético, introdujo el concepto de “sombra”- representa una síntesis magistral de este tipo de intrincadas investigaciones psicológicas. Hablar de la sombra es otro modo de referirse al sentimiento de ser una criatura inferior, algo que el individuo desea negar a toda costa. Erich Neumann resumió sucintamente la visión de Jung del siguiente modo:

La sombra es el otro lado, la expresión de nuestra propia imperfección terrenal, de nuestra negatividad (por ejemplo, el terror ante la fugacidad de la vida y la certeza de la muerte) que se contrapone a los valores absolutos. (3)

Como decía el mismo Jung, la sombra constituye el lado oscuro de nuestra propia mente, “un sentimiento de mezquindad real del que no tenemos más que una leve sospecha” (4). Ante esta situación, el ser humano quiere despojarse de su sentimiento de inferioridad, quiere “saltar por encima de su propia sombra” y el modo más rápido de conseguirlo consiste en “atribuir a los otros toda nuestra mezquindad, negatividad y culpabilidad”. (5)

A los seres humanos la culpabilidad nos desagrada, nos abruma, y la sombra cubre literalmente toda nuestra existencia. Neumann acota nuevamente este punto de manera muy acertada:

El sentimiento de culpa tiene su origen… en la percepción de la sombra… Este sentimiento de culpa -basado en la sombra- se descarga en el sistema, tanto a nivel individual como colectivo, mediante el mismo fenómeno de proyección de la sombra. La sombra, que se halla en conflicto con los valores conscientes (ya que el rostro de la cultura se opone a la animalidad) no puede ser aceptada como una parte negativa del propio psiquismo, y siendo proyectada o transferida, al mundo externo y experimentada luego como un objeto procedente del exterior. A partir de entonces deja de ser un problema interno para pasar a ser perseguida, combatida y exterminada como si se tratara de un problema “ajeno”. (6)

Así, pues, Neumann concluye afirmando que la proyección constituye un mecanismo ancestral que pone en funcionamiento el fenómeno del chivo expiatorio, un mecanismo que permite descargar de nuestra mente las fuerzas negativas de la culpabilidad, la inferioridad y la animalidad proyectándolas al exterior y posteriormente tratando de destruirlas simbólicamente en el chivo expiatorio. A la luz de todas estas consideraciones -y de otras muchas que pudieran aducirse al respecto- sólo cabe una posible explicación del genocidio nazi de judíos, gitanos, polacos y otros tantos: la proyección de la sombra. No debemos pues asombrarnos de que Jung observara -incluso de manera más contundente si cabe que Rank o Reich- que lo único que funciona mal en el mundo es el ser humano”. (7)


Notas

(3) Erich Neumann,  Depth Psychology and a New Ethic (Londres: Hodder & Stoughton, 1969), p. 40.
(4) Carl G. Jung. “After the Catas trophe”, Collected Works, vol. 10 (Princeton, N.J.: Bollingen, 1970), p. 203.
(5). Ibid.
(6) Neumann, Depth Psychology, p. 50.
(7) Jung. “After the Catastrophe”, p. 216.
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