martes

LA INTIFADA PALESTINA Y SU POESÍA (16) - Alejandro Hamed Franco


Poemas palestinos de resistencia

Taufiq Zayyad
Mahmud Darwish
Fadua Tuqán
Samih Al-Qasim
Salim Yubrán

Prólogo, selección y notas de Alejandro Hamed Franco

Primera edición WEB: elMontevideano Laboratorio de Artes, 2016 / Primera edición: Arandurâ Editorial, 2002.


MAHMUD DARWISH (8)


Promesas de tormenta

Sea.
Tengo que rechazar la muerte,
prender fuego a las lágrimas de las canciones,
y desnudar al olivo
de todas sus ramas falsas.
Si canté a la alegría semioculta
en los párpados de los ojos temerosos,
es porque la tormenta
me ha prometido un vino,
y arcos iris.
Es porque la tormenta
ha barrido la voz de los pájaros memos,
y las ramas prestadas
a los troncos de los árboles altos.

Sea.
Tengo que presumir de ti,
¡oh, mi ciudad herida!
De ti, ¡oh cuadro relampagueante en nuestras noches tristes!
La calle frunce el ceño a mi presencia.
pero tú me proteges de las sombras
y las viles miradas.
Cantaré a la alegría
semioculta en los párpados de los ojos con miedo.
Desde que en mi país soplara la tormenta,
me ha prometido un vino
y arcos iris.


Dijo el cantor…

Así crecen los árboles
y se funden las piedras.
Poco a poco,
con el correr del agua.

El cantor, en la senda de la ciudad,
con su canción en vela,
dijo al viento, angustiado:
¡Destrúyeme, puesto que eres mi vida!
Como quiere el Destino.
¡Bébeme por el triunfo de los muertos!

Así cae la lluvia,
¡oh, labios
de la ciudad maldita!

Apartaron a los que le escuchaban,
a los borrachos.
Le ataron.
Y le arrojaron a la cárcel.
A su madre insultaron.
Y el cantor, entretanto,
entonaba aun versos del sol del otoño,
se vendaba con cuerdas las heridas.
En la cruz del dolor,
con heridas lucientes como estrellas,
dijo a la gente en torno:
Todo,
menos el arrepentimiento.

Así muero.
De pie.
De pie, como los árboles.
La cruz, así se tornará almimbar (*),
o batuta de cantos.
Y hasta clavos, las cuerdas.

Así cae la lluvia.
Así crecen los árboles.

(*) Púlpito de la mezquita desde donde se acostumbra leer e interpretar los versículos del Corán.


El mártir de la canción

Levantaron la cruz contra el muro.
Me abrieron las cadenas de las manos.
El látigo era un remolino,
y el golpear de las botas un silbido melódico
-“¡A sus órdenes!”.-
que decía: “¡Cuidado”, a los difuntos.
Un ladrido bestial llamó:
“Eh, tú!...
Te dejaré marchar,
si te arrodillas dos veces ante mi trono,
y me besas la mano, respetuosamente.
Si no,
subirás al madero,
mártir de la canción y de la luz”.

Yo no fui el primero que llevó la corona de espinas.
para decir a la morena: “Llora”
¡Tú, a quien amo tanto como a mi fe!
Cuyo nombre en mi boca, reseca y polvorienta,
tiene un gusto de vino envejecido en jarras.
Yo no fui el primero que llevó la corona de espinas,
para decirle: “Llora”.

Tal vez sea mi cruz una montura,
y en mi frente, grabada
con sangre y con rocío,
corona de laurel sean las espinas.
Tal vez yo sea el último que diga:
“Me apeteció morir”.
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