martes

ALIVIO DE ESQUELETO (5) - JUAN PABLO PEDEMONTE


primera edición WEB / elMontevideano Laboratorio de Artes / 2015

LA VOZ INCARCELABLE

Sobre este clavicordio de huesos
entreveo el verso rajado
en los ataúdes del silencio.

En esta ceremonia armoniosa
de mi probable luto
alumbro el rastro del verbo que callo.

Y entre corcheas amordazadas
y el espinazo del latido inocultable
surge
insobornablemente
la palabra.


SOMBRAS DE LA CALLE

Cuando tendió la mano al vagabundo
no tenía monedas ni pan.
Le dio toda su carencia
como un lazo de orquídeas vacías:
su mano sin más.

El vagabundo hurgó misericordias 
en los cinco dedos del cielo
y halló, verdaderamente, el hambre.

Un ramo de falanges lo levantó
para siempre.


EL AGUA ANCESTRAL

Embeberme en los siglos australes del agua
y ser, en la mitad de mí, algo que no entiendo.
Ahogarme en el recuerdo de una sombra
que navega profunda tras de sí.
Verme reflejado en el agua ancestralmente
y fluir hacia atrás hasta alcanzarme.

O ser la sombra suicida
o el elemento que nos deja la sombra
al asomarnos a nuestro ser.
Ser eso, desasido del cuerpo;
ser el esperpento del relámpago
oscuro de nuestra alma;
perderse en el charco negro
que nace de nuestros pies.

Elijo embeberme en el misterio.


CÍRCULOS

Dibujaste perfectos silencios en mis labios.
Te nombro hacia adentro;
allí donde apenas caben latidos
y el rumor de lunas inciertas.

Tus iniciales son previsibles finales
que caen en mi voz.
Igual que piedras, se hunden 
expandiendo círculos que mueren en nuestros pies.

Dibujos redondos
como silencios que ahora ahorcan mis labios.

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